DKRÒ: Sobrevivir

Sobreviviente del terremoto de Haití, músico, DJ, compositor y promotor, Diego Sobalbarro transforma memoria, migración y ritmos costarricenses en una electrónica que busca convertir la pista en ritual.

Foto de DKRÒ: Sobrevivir

Sobrevivir También Cambia La Forma De Escuchar

Mucho antes de que existiera DKRÒ, Diego Sobalbarro atravesó una experiencia que modificó su manera de relacionarse con el tiempo. Fue sobreviviente del terremoto de Haití de 2010, y de aquel episodio no extrae una narrativa construida alrededor del trauma, sino una forma diferente de comprender la existencia. Dice que aprendió muy joven a apreciar el presente, disfrutar el momento y moverse sin quedar paralizado por el miedo al fracaso o por la opinión ajena. Esa filosofía terminó filtrándose directamente en su manera de producir. Diego comienza con un beat y después improvisa sobre él repetidas veces, hasta que algo aparece.

“En algún momento aparece un track frente a mí”, explica.

Su método tiene algo de jazz: probar, reaccionar, equivocarse, volver a escuchar y permitir que la composición encuentre su propia dirección. ¿Cuánto de una vida puede esconderse dentro de una decisión aparentemente pequeña frente a un sintetizador? En su caso, la improvisación parece contener una respuesta: después de aprender que todo puede transformarse de un momento a otro, crear sin miedo se convirtió en una manera de permanecer en movimiento.

La necesidad de expresarse, sin embargo, había aparecido mucho antes. Diego reconoce que históricamente le costó procesar y comunicar sus sentimientos, por lo que encontró refugio en la escritura y la música. Comenzó a escribir alrededor de los 11 años y allí descubrió lo que define como el poder catártico de la expresión artística. Su recorrido musical crecería después entre el coro de una iglesia, piano, guitarra, bajo, canto académico, producción, composición y armonía de jazz. El material biográfico del artista sitúa su inscripción en ACAM desde 2014 y también ubica en 2015, cuando tenía 18 años, el lanzamiento de su disco de composiciones originales La Espiral. Esa etapa lo llevó a escenarios costarricenses como Jazz Café Escazú, Jazz Café San Pedro, Jaulares, Hard Rock Cafe y Amón Solar. Lo importante, visto desde el presente, es que la música nunca apareció únicamente como profesión. “Desde el inicio ha sido una forma de expresión. Yo ahora ‘hablo’ varios de sus lenguajes, pero los sonidos siempre me han acompañado en la cabeza”, asegura.

Cuando Cae El Sol Aparece DKRÒ

La transformación entre Diego y DKRÒ tiene incluso un horario simbólico. Durante el día predomina lo que él llama su “sombrero administrativo”: oficina, gestión y obligaciones. Pero después de las siete de la tarde comienza otro movimiento. Aparecen las cenas seguidas de música, nuevos artistas, conciertos de amigos, jams, karaoke, estudios, composición y producción. “Apenas se esconde el sol, ‘el guía de la noche’ toma el control sobre mí”, dice. El concepto de DKRÒ está construido justamente alrededor de esa dualidad. El nombre proviene de dakarò nāmē, término bribri asociado en el material del proyecto con el ocelote y la pantera. El primero representa el costado más ágil, orgánico y colorido; el segundo, una energía más pesada, oscura y meditativa. Musicalmente, esa división permite que Deep House, House melódico, sonidos orgánicos, Indie Dance y Techno convivan dentro de un mismo universo sin necesidad de convertirse en opuestos irreconciliables. Para Diego, la contradicción no necesariamente divide. “Yo no concibo el mundo polarmente. Más bien siento que somos una unidad y las singularidades son como las gotas de agua”.
Esa construcción simbólica no pretende permanecer únicamente en el discurso visual. DKRÒ piensa la pista como un espacio ritual, y su manera de actuar antes y durante un set responde a esa idea. Habla de velas, incienso, tabaco, oraciones y concentración; también pide, cuando es posible, que la iluminación se mantenga entre rojo, ámbar y morado. Para él, la diferencia entre espiritualidad y ornamentación está en la intención. Puede invitar al público a entrar en ese código, aunque no exige que todo el mundo comprenda su significado. De hecho, cuando se le pregunta qué espera que sienta alguien que llega a una presentación sin conocer su historia, elimina de golpe toda complejidad conceptual: “Yo solo quiero que baile. La danza es medicina individual y colectiva”. Ahí probablemente se encuentre la clave para entender el proyecto. La teoría puede hablar de portales, animales tutelares, dualidades y mundos espirituales, pero la prueba ocurre abajo del escenario. Diego incluso prefiere instalarse junto a sus amigos cerca de un parlante cuando sale a bailar y observar cómo una energía compartida empieza a extenderse. Lo importante, insiste, no es quien ocupa la cabina: es lo que sucede en el dancefloor.

Hacer House Costarricense

En paralelo a esa búsqueda espiritual existe una investigación mucho más concreta. DKRÒ trabaja sobre ritmos endémicos costarricenses, migraciones internas y cruces culturales, intentando escuchar dentro de la música del país elementos que durante años quedaron desplazados de determinadas narrativas de identidad. Una de las revelaciones de ese proceso fue entender con mayor claridad que las migraciones no transportan únicamente personas: también llevan ritmos, instrumentos, formas de cantar y maneras de organizar el sonido. Diego utiliza como ejemplo el recorrido histórico de las músicas asociadas al pueblo romaní, pero traslada esa sensibilidad hacia su propio territorio. La investigación, explica, le enseñó a escuchar el Caribe, Panamá, Colombia y África dentro de la música costarricense. No siempre aparecen de manera evidente; muchas veces hay que prestar atención para encontrarlos. Su EP se apoya además en estructuras derivadas del trabajo de Daniel Cuenca, de Sonámbulo Psicotropical, cuyo estudio mapeó movimientos internos y encuentros culturales dentro de Costa Rica. La ambición detrás de todo ello puede resumirse en una expresión especialmente difícil de construir en un mercado globalizado: house costarricense auténtico.
¿Qué significa ser auténtico cuando prácticamente todos los géneros electrónicos nacen de cruces, préstamos y transformaciones? DKRÒ responde con una frase: “Rebeldía con amor”. No le interesa reproducir una fórmula de Latin House ya instalada, ni perseguir el sonido de un productor particular. Entre sus influencias aparecen el deep house japonés, reggaetón, cumbia, salsa, latin jazz y jazz, pero su intención es hacer con esas referencias algo parecido a lo que hicieron históricamente los movimientos migratorios: absorber, desplazar y transformar. Para él, trabajar con estas estructuras también implica encontrarse con una Costa Rica que considera más compleja que la imagen históricamente construida alrededor de una identidad blanca y vallecentrista. Habla de raíces huetares, afro, asiáticas y celtas dentro de su propia historia y entiende DKRÒ como un pequeño aporte a una reconstrucción cultural mucho mayor. Frente a la posibilidad de apropiación, señala un dato central: los ritmos utilizados en su EP son creaciones contemporáneas de Daniel Cuenca, quien no solo autorizó su utilización y reinterpretación, sino que —según Diego— lo motivó a compartirlos para incorporarlos a la conversación musical global.

Un EP Donde Una Relación Se Convierte En Migración

Esa teoría encuentra una forma narrativa particularmente clara en el EP de DKRÒ. El disco está pensado como un viaje inspirado en la historia migratoria costarricense, pero también esconde un recorrido emocional mucho más íntimo. Diego lo relaciona con una relación sentimental: comienza con una persecución, avanza hacia una declaración amorosa, entra después en el amor pleno y termina con una liberación. “PERSECUSIÓN”, a 120 BPM, nació de un episodio real en el que un hombre siguió al artista desde un club hasta un afterparty. La historia terminó convertida casi accidentalmente en música cuando, durante el proceso creativo junto a su entonces pareja, Diego le pidió improvisar una voz para imaginar cómo funcionaría una presencia femenina sobre el track. “Contó esa historia y la verdad quedó genialmente graciosa”, recuerda. La pieza incorpora una séptima clave en 4/3, capas glitch y una colaboración vocal con la artista multidisciplinaria costarricense Calachie. Lo que podría haberse quedado como anécdota incómoda terminó transformado en tensión, humor y groove. “No se decide, como que solo pasó”, responde cuando se le pregunta qué experiencias personales merecen convertirse en música.

El viaje continúa con “TOTHEBEACH”, también a 120 BPM, concebido como una declaración de amor alejada de los celos y la posesión, sostenida por conga y clave en 7/8 recortadas dentro de loops minimalistas. Después aparece “TEADORO”, igualmente a 120 BPM, más cálido y experimental, con texturas líquidas, sintetizadores contenidos, dos shekeres, tumba, clave y voces del cantante y compositor costarricense Billy Machine. Finalmente, “OJOCHAL” acelera hasta los 128 BPM y lleva el relato hacia otro paisaje: la mañana, la playa y ese instante en que el after se encuentra con el océano. Shekere, clave y campana atraviesan pads y bajos profundos para construir la sensación de cierre y liberación. DKRÒ reconoce que su producción responde principalmente a estados emocionales: “Es lo que salió en el día”. Después llega la arquitectura. Repite determinados sonidos, escalas, texturas y técnicas para conseguir que las piezas dialoguen entre sí. Así, el concepto no se impone sobre la emoción; aparece después para darle una casa.

Foto de DKRÒ: Sobrevivir

Más De Una Década Mirando La Música Desde Adentro

La identidad actual de DKRÒ tampoco puede separarse de los años en que Diego recorrió la industria desde otros lugares. Su formación en administración y mercadeo, combinada con conocimiento de música académica, jazz y pop, lo llevó a involucrarse en proyectos dentro de festivales, clubes, hoteles, bares, retiros, speakeasys y experiencias inmersivas. En management y producción, su biografía menciona trabajos con proyectos costarricenses como Todo Lo Que Hicimos, Flora de Musa y Danny Vientos, además de experiencias vinculadas con artistas internacionales como Nickodemus, Bad Bunny y Vicente García. Esa visión del detrás de escena continúa influyendo en la manera en que entiende su profesión. Las giras y los eventos, recuerda, también significan esperas interminables, cargar equipos, desplazarse constantemente y aprender a convivir con muchas personas. Su recorrido como intérprete, mientras tanto, cruzó fronteras: se presentó como DJ en Londres, Ciudad de México y La Habana, y como músico invitado tuvo apariciones en Berlín, Linz y Londres. Cada ciudad confirmó algo que hoy utiliza como argumento artístico: ninguna escena escucha de la misma forma. Incluso dentro de un mismo país pueden cambiar radicalmente los códigos de una pista.

Europa Como Próximo Movimiento

Ahora ese aprendizaje apunta nuevamente hacia el exterior. DKRÒ proyecta una gira por Europa para la segunda mitad del año, esta vez con una búsqueda que combina estrategia profesional y motivos profundamente personales. Muchas personas importantes en su vida viven desde hace años en Europa y todavía no han tenido la oportunidad de verlo actuar ni de escuchar de cerca el proyecto en el que se ha convertido su música. Llevar DKRÒ allí significaría, por lo tanto, mucho más que sumar fechas. También sería una forma de reencontrarse a través del sonido. Frente a promotores, Diego considera que hay un elemento que no debería desaparecer de la presentación del proyecto: el aporte cultural de sus composiciones. Su comparación es interesante. Así como escenas como el amapiano construyeron reconocimiento a partir de decisiones rítmicas, técnicas y compositivas particulares, él quiere que pequeñas modificaciones nacidas de su contexto puedan producir una identidad distinguible. ¿Qué podría encontrar entonces un público europeo? Su respuesta es sencilla:

“Algo nuevo. Electrónica costarricense no es algo que se escuche mucho allá”.

 La gira, además, implica uno de los mayores riesgos de esta etapa: pretende recorrer ese camino de manera independiente, sin manager ni equipo, solamente él y su música.
Ese impulso independiente también explica su mirada crítica sobre algunos mecanismos de la electrónica contemporánea. Cuando piensa en el equilibrio que simboliza el jaguar dentro de su narrativa, señala varios puntos que considera rotos: la entrada de grandes corporaciones en eventos masivos que, desde su perspectiva, pueden convertir experiencias culturales en productos sin alma; áreas VIP donde prácticamente nadie baila; y una presencia todavía insuficiente de personas FLINTA* en determinados bookings. Frente a eso, DKRÒ vuelve siempre al mismo lugar: la pista. Su proyecto no pretende que la naturaleza sea una decoración exótica dentro de un club; la naturaleza funciona como inspiración para facilitar algo más íntimo: una reconexión con uno mismo mediante el ritual y la danza. Dentro de diez años, Diego no mide el éxito imaginando necesariamente una cifra de reproducciones o un único festival monumental. Su imagen es más constante: una agenda anual con presentaciones en distintos lugares del mundo. “Quiero que mi principal razón de viajar sea compartir música”, dice. Tal vez allí esté la definición más precisa de DKRÒ: un proyecto nacido del movimiento que quiere seguir moviéndose, llevando consigo memoria, ritmo y una parte de Costa Rica que insiste en ser escuchada.

Foto de DKRÒ: Sobrevivir

Sobrevivir al terremoto de Haití cambió su forma de entender el presente. DKRÒ convirtió esa experiencia, la escritura y la improvisación en una manera profundamente personal de crear música.

Cuando cae el sol, Diego Sobalbarro deja atrás su faceta administrativa y aparece DKRÒ: un proyecto inspirado en el ocelote, la pantera, la noche y una búsqueda espiritual que atraviesa cada set.

Entre Deep House, Indie Dance y Techno, DKRÒ investiga ritmos costarricenses y migraciones culturales para construir un sonido propio que define con una frase: “rebeldía con amor”.

Su nuevo EP transforma persecución, amor, intimidad y liberación en cuatro tracks conectados por percusión, memoria y movimiento. Una historia personal convertida en house costarricense.

Después de tocar en Londres, Ciudad de México, La Habana, Berlín y Linz, DKRÒ prepara una nueva etapa: llevar su electrónica costarricense a Europa y hacer del viaje una forma de compartir música.

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