Macarena Figueroa: La Bailarina Chilena Que Llegó A Compartir Escenario Con Bad Bunny
De bailar Axe Bahía cuando era niña a trabajar con Bad Bunny, Mora y Chencho Corleone. Macarena Figueroa construye desde Chile una carrera donde bailar, crear, enseñar y dirigir forman parte del mismo sueño.
La Niña Que Bailaba Todas Las Canciones
Mucho antes de las audiciones, los escenarios internacionales y el Festival de Viña del Mar, Macarena Figueroa González ya bailaba. Sus primeros recuerdos no ocurren frente a miles de personas ni dentro de una producción musical: están ligados a su infancia, a su tía haciéndole trenzas y a ella intentando seguir las canciones de Axe Bahía. Hoy, con 27 años y establecida en Santiago de Chile, volver a aquellas fotografías significa encontrarse con una versión de sí misma que todavía no sabía hasta dónde podía llevarla esa fascinación.
“Ver fotos de esos momentos me hace recordar la ilusión de pequeña con el baile”, cuenta.
Aquello que comenzó como un juego atravesó silenciosamente su infancia hasta llegar a la adolescencia. A los 14 años, su madre la inscribió en clases dentro de academias de baile y algo cambió: Macarena descubrió que detrás de aquello que consideraba un hobby existía una profesión. Se podía entrenar, trabajar y construir una vida alrededor del movimiento.
Su carrera profesional comenzó a los 17 años. Después llegaron dos años de formación universitaria en UNIACC, pero su recorrido académico coincidió con un periodo complejo en Chile y posteriormente con la pandemia. Ante la posibilidad de continuar su carrera de danza de manera online, tomó una decisión: congelar los estudios. No quería que una disciplina que entendía desde el cuerpo, el espacio y la experiencia terminara reducida a una pantalla. En cambio, comenzó a ahorrar. Durante años había visto videos de escuelas de danza en Los Ángeles, Estados Unidos, imaginándose algún día dentro de aquellas clases. Finalmente convirtió esa imagen en un objetivo y viajó para entrenarse con exponentes de una industria que observaba desde lejos. Más adelante también sumaría experiencias formativas en México. Viajar no solamente amplió su lenguaje como bailarina: modificó la dimensión de aquello que consideraba posible. “Me he dado cuenta de lo avanzada que está la industria de la danza en otros países y que realmente se puede vivir al 100% de esto”. Para Macarena, mirar hacia afuera terminó siendo también una manera de imaginar qué podía construir desde Chile.
A Los 18 Años Llegó Bad Bunny
Una de las primeras confirmaciones importantes apareció muy temprano. En 2017, cuando tenía 18 años, una coreógrafa chilena encargada de un show de Bad Bunny la contactó para integrar el crew de bailarinas. Macarena llevaba apenas un año desarrollándose profesionalmente. De pronto, el trabajo que había comenzado durante la adolescencia se encontraba frente a una oportunidad internacional. “En ese momento sentí que todos los esfuerzos estaban valiendo la pena”, recuerda. Más importante todavía fue lo que aquella experiencia produjo después: comenzó a confiar con mayor fuerza en aquello que podía conseguir mediante trabajo, constancia y preparación.
Con los años, la lista creció. Su trayectoria internacional incluye trabajos con Bad Bunny, Chencho Corleone, Mora, Jay Wheeler, De La Ghetto, Justin Quiles, Ivy Queen, Ryan Castro y RKM & Ken-Y, entre otros nombres. Vista únicamente como una sucesión de créditos, la historia podría parecer lineal. Pero ¿cuántos rechazos existen detrás de cada escenario que finalmente vemos? Macarena señala precisamente esa parte menos fotografiada de la profesión. Las audiciones implican convivir constantemente con el “no”. No siempre se trata de talento: algunas veces, simplemente, un bailarín no corresponde con aquello que una producción está buscando. Aprender a separar ese resultado de la valoración personal ha sido parte de su crecimiento. “Hay que tener la suficiente madurez emocional para entender que no es nada personal”. Para ella, sin embargo, existe un desafío incluso mayor que conseguir una oportunidad: permanecer.
Quedar Es Difícil, Mantenerse Lo Es Aún Más
“Siempre lo difícil no es quedar, sino mantenerte en el tiempo”.
La frase de Macarena descubre una realidad fundamental de las carreras construidas sobre el escenario. Conseguir un trabajo no garantiza el siguiente. Hay que continuar entrenando, reinventándose, permaneciendo vigente, generando contenido y demostrando nuevamente por qué se puede formar parte de un proyecto. Esa exigencia explica una trayectoria que no se ha detenido en un único rol. Macarena ha desarrollado simultáneamente caminos como bailarina, coreógrafa y profesora, entendiendo que la evolución profesional también implica encontrar nuevas maneras de relacionarse con la danza.
Entre todas sus experiencias, hay una que recientemente modificó la escala de sus aspiraciones: Chencho Corleone. El vínculo comenzó con presentaciones en Chile después de ser contactada por la coreógrafa Karina Ortiz. Pero en enero de 2026 ocurrió algo distinto. Macarena viajó junto al crew a Bolivia para realizar tres fechas en diferentes ciudades. Era la primera vez que salía de Chile para trabajar acompañando a un artista internacional. Aquello que durante años había imaginado comenzó a tener aeropuertos, escenarios y ciudades reales. “Fue un sueño, no me lo podía creer. Desde ese momento me di cuenta que lo que alguna vez fue una utopía hoy ya era una realidad”. La experiencia también la acercó a uno de sus grandes objetivos profesionales: salir de gira por el mundo junto a un artista. Y hacerlo desde una identidad que reivindica especialmente: siendo latina y construyendo su carrera desde Chile, ese territorio que ella misma describe como “el extremo del mundo”.
Cinco Historias Dentro De Viña Del Mar
Hay otro escenario que atraviesa su recorrido de una manera particular. Macarena ha vivido cinco experiencias diferentes vinculadas al Festival de Viña del Mar. Formó parte de su ballet en 2019, 2023 y 2026; posteriormente —y desde otro lugar dentro de la producción— participó acompañando a Mora en 2024 y a Myriam Hernández en 2025. Para una bailarina chilena, explica, Viña representa una vitrina extraordinaria por su alcance internacional. Llegar al ballet requiere además enfrentarse a audiciones diferentes de aquellas habituales en la industria: la diversidad de estilos obliga a desarrollar versatilidad y, al mismo tiempo, aprender las particularidades de trabajar para televisión.
Pero subir a la Quinta Vergara como parte del show de un artista cambió nuevamente su perspectiva. Dentro del ballet se forma parte de una producción mayor, trabajando en espacios como las oberturas y la competencia; acompañar directamente a un artista significa entrar en un universo construido específicamente alrededor de su propuesta. “Si bien he amado ser parte del Ballet y lo haría mil veces, llegar con artista a la Quinta tiene otro renombre”, explica. Para Macarena no se trata de elegir una experiencia sobre la otra. Haber conocido ambos lados le permitió comprender el festival desde lugares profesionales diferentes. “Era un sueño que logré cumplir y amo poder vivir ambas versiones del festival”.
De Interpretar Una Coreografía A Imaginar Todo El Show
En algún momento, Macarena dejó de preguntarse únicamente cómo ejecutar una coreografía y comenzó a interesarse por cómo construirla. La transición surgió en parte desde la docencia. Al impartir clases descubrió cuánto disfrutaba crear, organizar coreografías a gran escala y liderar proyectos junto a sus alumnos. La primera oportunidad de trasladar esa inquietud hacia el trabajo con un artista llegó con Marcianeke. La experiencia confirmó que había otra profesión dentro de la profesión que también le apasionaba: imaginar un espectáculo y después encontrar la manera de convertirlo en algo tangible.
Actualmente su trabajo nacional como coreógrafa incluye proyectos con Marcianeke, Lucky Brown y Martin White, además del montaje de shows y la dirección de movimiento para artistas de la escena urbana chilena. Su método comienza mucho antes de decidir un paso. Macarena considera fundamental estudiar al artista, observar su manera de moverse y comprender la visión que desea proyectar. Después llegan reuniones, propuestas y decisiones creativas destinadas a construir un mismo lenguaje.
“Es analizar cada paso que dan”, explica.
El objetivo final es que bailarines, dirección y artista no parezcan elementos superpuestos sobre un escenario, sino integrantes de una misma atmósfera. Ahí aparece una diferencia esencial: la coreografía deja de ser decoración y comienza a participar en la identidad del show.
El Trabajo Que Existe Antes De Que Se Enciendan Las Luces
El público normalmente conoce la última parte del proceso: las luces se encienden, comienza la música y durante algunos minutos todo parece ocurrir naturalmente. Macarena conoce lo que sucede antes. Ensayos, preparación, dirección, bailarines y profesionales de múltiples disciplinas trabajan para que ese resultado exista. Aunque considera que progresivamente existe un mayor reconocimiento hacia los equipos creativos, también cree necesario continuar educando al público acerca de la dimensión colectiva de una producción. “Hay personas talentosísimas de distintas áreas que están entregando su gota extra de sudor en el proyecto y que merecen siempre el reconocimiento máximo”, sostiene.
Para ella, un gran espectáculo depende de un equipo consolidado y de personas dispuestas a entregar mucho más que aquello que el espectador alcanza a observar durante la presentación. “Va mucho más allá del día del show, es el proceso el que te marca”. Quizás esa conciencia también explica su interés por enseñar. Macarena ha trabajado como profesora en espacios como Power Peralta y Elite Dance Center, y actualmente desarrolla su propuesta independiente Training By Maca. Allí busca transmitir algo que no cabe únicamente en una secuencia de ocho tiempos: perseverancia y constancia. Haber atravesado audiciones, rechazos y oportunidades le permite acompañar a quienes comienzan desde una experiencia concreta. Recuerda a los profesores que estuvieron disponibles cuando ella necesitó orientación y quiere reproducir ese vínculo con una nueva generación: “Que sepan que hay una Maca disponible para ayudarlos y orientarlos en lo que necesiten”.
MFGPRODUCTION Y El Próximo Movimiento
En 2026, esa evolución abrió un nuevo capítulo con la creación de MFGPRODUCTION. El proyecto nace de la necesidad de ampliar su trabajo como coreógrafa y, al mismo tiempo, otorgarle una identidad independiente de su carrera como bailarina e intérprete. La aspiración es construir diferentes equipos de bailarines capaces de trabajar con artistas y eventos, generando una estructura desde la cual desarrollar espectáculos. “Mi sueño es poder tener diferentes equipos de bailarines trabajando para artistas o eventos, donde cada equipo que quiera trabajar conmigo encuentre en MFGPROD todo lo necesario para llevar su show al siguiente nivel”. Después de años formando parte de producciones creadas por otros, Macarena comienza así a construir también una plataforma desde la cual generar oportunidades y liderar sus propios procesos.
La historia adquiere otra dimensión cuando se vuelve al principio: aquella niña con trenzas que bailaba Axe Bahía todavía existe detrás de la profesional que hoy acumula escenarios, artistas internacionales, cinco experiencias en Viña del Mar, trabajos coreográficos, docencia y una productora propia. ¿Qué le diría Macarena después de todo este recorrido? Le hablaría primero del miedo. También de todas las ocasiones en las que escucharía que no podría vivir de bailar. Pero, sobre todo, le pediría que mirara aquello que alguna vez imaginó.
“Al día de hoy debe sentirse orgullosa de todo lo que ha logrado, porque todo lo que algún día imaginó hoy es una realidad”.
No significa que el sueño esté terminado. Su ambición de recorrer el mundo de gira continúa adelante y MFGPRODUCTION apenas comienza su historia. Por eso su mensaje hacia aquella versión infantil termina funcionando también como una declaración sobre el futuro: “Seguiremos trabajando duro para hacer feliz a esa niña interior que algún día imaginó todo esto. Le diría que se sienta orgullosa y que confíe en sus capacidades tal como lo ha hecho hasta ahora, porque lo que está destinado para nosotras será”.
De bailar Axe Bahía cuando era niña a trabajar con Bad Bunny a los 18 años. Macarena Figueroa convirtió aquello que comenzó como un hobby en una carrera construida desde Chile hacia grandes escenarios.
Bad Bunny, Mora, Chencho Corleone, Ivy Queen, Ryan Castro y otros artistas forman parte de su trayectoria. Pero detrás de cada escenario también existen audiciones, rechazos, entrenamiento y la exigencia de mantenerse vigente.
Cinco experiencias han marcado su historia en el Festival de Viña del Mar: tres como parte del Ballet y dos junto a artistas. Macarena conoce la Quinta Vergara desde dos lugares completamente diferentes.
En 2026 viajó a Bolivia para realizar tres fechas junto al crew de Chencho Corleone. Era la primera vez que salía de Chile trabajando con un artista internacional: una utopía que finalmente se convirtió en realidad.
Bailarina, coreógrafa y profesora, Macarena abre ahora otro capítulo con MFGPRODUCTION. Su próximo gran sueño mira todavía más lejos: recorrer el mundo de gira junto a un artista y seguir creando desde Chile.





