Ana Laura Olivella: La Cantautora Panameña Que Canta Para Sentir, Y Escribe Para Existir
Desde Panamá hasta Madrid, la cantautora de 22 años construye una obra íntima y honesta donde la vulnerabilidad se convierte en lenguaje artístico y la canción en un puente emocional entre quien escribe y quien escucha.
Una Voz De Panamá
¿Qué ocurre cuando una artista decide no protegerse emocionalmente, sino exponerse por completo a través de la música? En el caso de Ana Laura Olivella, la respuesta es una propuesta autoral que se sostiene sobre la honestidad radical, la sensibilidad y una profunda conexión humana. Con apenas 22 años, la cantautora panameña ha construido un recorrido que trasciende edades y etiquetas, posicionándose como una de las voces jóvenes más auténticas de su generación dentro del movimiento de cantautores, aún poco visibilizado en Panamá.
“No hay nada más grande para mí que la música”, afirma, con la misma convicción que la acompaña desde la infancia. Desde los cinco años comenzó su formación vocal y su vínculo con el escenario, entendiendo muy pronto que cantar no era solo interpretar, sino una forma de sobrevivir emocionalmente.
La Canción Como Refugio Y Herramienta De Autoconocimiento
Altamente sensible y profundamente introspectiva, Ana Laura encontró en el songwriting una vía para decir lo que no sabía cómo expresar de otro modo. “Escribir me ayudó a quitarme cosas del pecho, a armarme de valor y a encontrarme”, explica. La música dejó de ser solo una interpretación ajena para convertirse en un espejo propio.
Ese descubrimiento tuvo un punto de inflexión claro: “Let It Be” de The Beatles. “Cuando escuché esa canción dije: quiero escribir canciones por el resto de mi vida”, recuerda. Desde entonces, la escritura se transformó en un territorio infinito donde aprender, observar y sentir sin filtros.
Del Escenario Escolar A Las Calles Del Casco Viejo
Su primera vez sobre un escenario fue a los seis años, en un talent show escolar. Luego vendrían nuevas experiencias como integrante del grupo femenino panameño Las Meninas, donde grabó sus primeros temas en estudios profesionales. Pero el verdadero acto de valentía llegó a los 14 años, cuando decidió cantar en las calles del Casco Viejo de Panamá.
Sin público garantizado y con la vulnerabilidad a flor de piel, Ana Laura convirtió el espacio urbano en su escenario. “Aprendí a hacer las cosas sin esperar nada a cambio”, confiesa. Esa experiencia no solo la conectó con transeúntes y medios de comunicación, que la reconocieron como una de las primeras músicas callejeras jóvenes del país, sino que también redefinió su relación con el público y con el oficio artístico.
Madrid Como Segundo Hogar Creativo
En 2022, su camino la llevó a Madrid, donde profundizó su formación y su identidad artística. En 2024 culminó sus estudios como compositora y productora musical en la Escuela Universitaria de Artes TAI, consolidando una mirada más amplia sobre la creación musical. “Madrid y Panamá son dos hogares completamente distintos, pero ambos viven en mi música”, explica.
Durante su estancia en España se presentó en festivales como We:Now Fest (Círculo de Bellas Artes), Mini Flow Fest (Teatros Luchana) y Un Poco De Todo, experiencias que reforzaron su convicción artística. Fue allí, tocando por primera vez su música con banda, donde una maestra le dijo: “Aquí es donde tienes que estar, estás muy feliz”. Esa frase selló una certeza.
Un Sonido Íntimo, Nostálgico Y A Flor De Piel
La propuesta sonora de Ana Laura se construye desde la sencillez: voz, guitarra, arreglos vocales sutiles y letras crudas, poéticas y profundamente humanas. “Escribo con el corazón en la mano”, afirma. Su música no busca artificios, sino verdad.
El silencio juega un rol clave en su proceso creativo. “Es en la noche, cuando el silencio es tan alto que pide ruido”, cuenta. Allí nacen palabras, melodías y canciones, aunque no todas sobreviven. Perfeccionista y exigente, admite que muchas quedan archivadas, en una lucha constante entre intuición y autoexigencia.
“Gravedad”: El Primer Vuelo
Su primer y, hasta ahora, único sencillo publicado en plataformas digitales es “Gravedad”, una canción escrita desde la intimidad de la guitarra y la voz. Compuesta, grabada y producida en Madrid, la pieza fue expandida con sonidos cotidianos que le aportan una textura cálida y cercana.
La producción estuvo a cargo de Giuseppe Laviery, con máster de Nacho Molino, y arte visual de Aritz Merino. Like Magazine la definió como “un canto para alegrar el alma de los transeúntes”, mientras Telemetro Reporta destacó su capacidad de cautivar a panameños y extranjeros desde lo más simple.
Construir Comunidad A Través De La Canción
De regreso en Panamá, Ana Laura reactivó su presencia artística como telonera de figuras locales como Pilar Ibáñez, Juan David Larrinaga y Juan Diego Sánchez (Sonoparalelo), además de presentarse en eventos como Casco Peatonal. Paralelamente, trabaja como maestra de canto, productora y compositora para otros proyectos musicales y audiovisuales.
En mayo de este año fundó el Círculo de Cantautores, una red de artistas emergentes que busca crear espacios de encuentro y visibilidad. “En Panamá hay muchísimo talento, pero faltan espacios”, afirma. El proyecto nace desde la necesidad personal y colectiva de tejer comunidad a través de la canción.
El Impacto Como Abrazo Emocional
Cuando piensa en el impacto que desea dejar, Ana Laura no habla de cifras ni de escenarios multitudinarios. “Quisiera que mi música fuera un abrazo para el corazón”, dice. Que sus canciones ayuden a nombrar emociones, a sentirse acompañado, a entender que compartir lo que uno siente también es un acto de valentía.
Mientras produce su próximo proyecto —grabado entre Madrid y Panamá—, la cantautora continúa apostando por conexiones reales, una a una, canción a canción. Porque, como ella misma resume, “si no luchas por lo que quieres, nadie más lo hará por ti”. Y en ese camino, Ana Laura Olivella sigue cantando, escribiendo y sintiendo, sin atajos y sin máscaras.





