Kimm Laara: Diez Años Lejos De Las Cabinas Y Volver Siendo Otra Persona + SPECTRALISM

Ahora la historia se expande con SPECTRALISM. Kimm Laara quiere llevar su música a nuevos escenarios mientras construye un universo capaz de reunir DJs, productores, cultura, eventos y comunidad.

Foto de Kimm Laara: Diez Años Lejos De Las Cabinas Y Volver Siendo Otra Persona + SPECTRALISM

Antes De Kimm Laara

Mucho antes de pensar en una cabina, un set o una identidad artística, Kimm Laara creció dentro de una familia donde la música ya tenía un lugar importante. Sus tíos, tías y su abuelo materno fueron músicos profesionales; hubo tríos, agrupaciones de son cubano, mariachis y proyectos que incluso llevaron a algunos integrantes de su familia a trabajar fuera de México. De aquellas reuniones familiares conserva especialmente una imagen: sus tíos cantándole a su abuela mientras él permanecía escuchando melodías, armonías y voces capaces de transmitir cosas que no necesitaban explicación. Después apareció la guitarra. El rock, Guitar Hero y figuras como Tom Morello, Slash y Santana despertaron una curiosidad que pronto se transformó en experimentación. Más tarde llegarían las congas, el bombo, el cajón peruano y, recientemente, la batería. Cada instrumento modificó su manera de entender el ritmo, pero también reforzó una misma sensación: la música como espacio de libertad.

“El instrumento cambió, pero permanece esa necesidad de experimentar”, explica.

Hoy ya no está necesariamente frente a seis cuerdas; trabaja con melodías, frecuencias, armonías, bajos, ritmos y mezclas. Sin embargo, reconoce el mismo impulso. “Aquella libertad que encontraba en la guitarra es muy parecida a la que encuentro ahora frente a una cabina”.

El Día En Que Escuchar Ya No Fue Suficiente

Su acercamiento a la electrónica también ocurrió temprano. Tenía alrededor de seis años cuando comenzó a descubrirla a través de su primo Daniel, con quien compartía casa junto a su abuela y sus tías. Desde otra habitación llegaban sonidos de Goa, Psytrance y posteriormente Trance, y poco a poco esa música comenzó a ocupar un espacio propio en su imaginación. Uno de los primeros nombres que lo impactaron fue Eskimo, especialmente trabajos como Baloonatic y temas como “Time to Get Serious” y “Hello Moto”. Después aparecieron Sesto, Dynamic, Raja Ram, 1200 Micrograms, GMS, Gataka y Gataplex. Más adelante, el universo se expandió con In Search of Sunrise de Tiësto, A State of Trance de Armin van Buuren, Paul van Dyk y Ferry Corsten. La electrónica dejó entonces de ser únicamente una sucesión de sonidos: comenzó a ser una forma de transporte emocional. El quiebre definitivo ocurrió alrededor de los 15 años, cuando asistió a A State of Trance 600 en México. Escuchar en directo, frente a una audiencia enorme, a algunos de los artistas que llevaba años siguiendo modificó por completo su percepción. Salió de aquella experiencia con una frase muy clara en la cabeza: “Yo quiero ser DJ. Yo quiero hacer esto”. ¿En qué momento una fascinación se convierte en vocación? Para Kimm Laara, probablemente fue allí. “Ya no solamente quería escuchar ese lenguaje: quería aprender a hablarlo”.

Diez Años Lejos De Las Cabinas

Pero una vocación no siempre avanza en línea recta. Kimm Laara pasó aproximadamente diez años alejado del DJing, en una etapa atravesada por dificultades familiares, económicas y personales. La música, sin embargo, nunca desapareció completamente. Continuó acompañándolo a través de su familia y también de Marcos Pacheco, su padrastro, con quien se acercó a otros instrumentos y formas de expresión. Incluso el beatbox permaneció como una de esas posibilidades musicales que siempre despertaron su curiosidad. Durante todo aquel periodo existía una idea persistente: algún día quería regresar. La diferencia era que ya no deseaba hacerlo de cualquier manera. Quería volver con una identidad más clara, mayor profesionalización y la capacidad de utilizar el proyecto como una verdadera extensión de sí mismo. Con el paso del tiempo recuperó estabilidad, salud y fuerza, hasta que esa intención dejó de ser una posibilidad distante.

“Quiero volver. Quiero hacerlo”, recuerda.

Ese regreso no fue planteado como un intento de recuperar exactamente el tiempo perdido. Fue una reconstrucción. Disciplina, profesionalización, expresión, liberación y catarsis comenzaron a ocupar un lugar central. La cabina dejó de representar solamente el deseo juvenil de convertirse en DJ y pasó a funcionar también como un espacio para reencontrarse consigo mismo y conectar con otras personas.

Volver después de una década también implicaba aceptar que tanto él como la propia cultura del DJing habían cambiado. Las consolas, mixers, CDJs y herramientas tecnológicas evolucionaron durante su ausencia, obligándolo a familiarizarse nuevamente con una práctica que alguna vez había conocido. Pero el desafío más profundo no estaba en los equipos. Había cambiado su oído. Habían cambiado sus gustos, su criterio y la manera en que concebía la construcción de un set. Después de años escuchando música, comenzó a prestar atención a detalles que antes podían pasar inadvertidos. También se transformó su relación con el público, la selección musical, sus objetivos y la disciplina con la que aborda el proyecto. Por eso describe el regreso desde una aparente contradicción: estaba retomando algo pendiente y, al mismo tiempo, empezando prácticamente de cero. La pasión permanecía intacta, pero quien regresaba a la cabina ya no era la misma persona que se había alejado de ella. “Volví a algo que conocía, pero tuve que descubrirlo nuevamente desde quién era ahora”. Esa frase quizá explique mejor que cualquier etiqueta el momento actual de Kimm Laara: un proyecto que no pretende reproducir una etapa anterior, sino utilizarla como antecedente para construir algo distinto.

Encontrar Una Identidad Entre Los Géneros

En esa reconstrucción aparecieron tres coordenadas fundamentales: UK Garage, Bassline y Garage House. Curiosamente, Kimm Laara llegó a esos sonidos antes de comprender exactamente cómo se llamaban. Aproximadamente una década atrás comenzó a escuchar artistas como Disclosure y Skream y recuerda especialmente un Boiler Room en el que aparecen Disclosure y Skrillex. Desde allí comenzó una exploración que lo llevó hacia las raíces del Jungle, Breakbeat, Garage y Bassline. Lo que inicialmente lo sedujo no fue una etiqueta, sino una interacción: swing, bajos, breaks, voces, pianos y armonías conviviendo dentro de estructuras capaces de generar movimiento sin sacrificar musicalidad. Hay también una dimensión emocional. Algunas canciones lo impulsan a bailar; otras pueden llevarlo hasta las lágrimas. Ese punto de encuentro entre cuerpo y emoción terminó siendo decisivo para definir el lenguaje de su proyecto. El Garage encontró así un espacio central, aunque nunca exclusivo. También sobreviven influencias de Deep House, Progressive House, Techno, R&B, Tech House, Funky House, Trance y Breakbeats. La pregunta inevitable es cómo conservar una identidad cuando el mapa sonoro es tan amplio. Su respuesta está menos relacionada con las fronteras estilísticas que con el criterio: “Los géneros son herramientas dentro de un criterio personal, no límites que me obliguen a permanecer dentro de una sola categoría”.

Esa filosofía también explica por qué Kimm Laara no construye sus sets alrededor de tendencias. Una canción no entra en su selección simplemente porque todo el mundo la esté tocando, del mismo modo que un tema popular no queda automáticamente descartado. Lo determinante puede ser el groove, los drums, un bassline, una armonía, una voz, una atmósfera o una determinada energía. Existen elementos que aparecen recurrentemente y funcionan como pequeñas firmas dentro de esa amplitud sonora: el swing, el acento two-step, los bajos pronunciados, los pianos y una inclinación evidente hacia lo armónico y melódico. También distingue entre una canción que simplemente disfruta y otra que realmente imagina dentro de un set de Kimm Laara. Para entrar en esa narrativa tiene que representar algo, provocar una reacción y permitirle visualizar cómo dialogará con el resto de la historia. Allí aparece otro componente que considera inseparable de su identidad: la performance. No entiende al DJ como una figura desconectada del material que reproduce. Bailar, reaccionar, moverse y transmitir físicamente lo que ocurre en la música también forman parte del lenguaje. Por eso puede cambiar de género, atmósfera o intensidad sin sentir que abandona su identidad. Lo que permanece es la manera en que selecciona, conecta y finalmente vive esos sonidos.

Foto de Kimm Laara: Diez Años Lejos De Las Cabinas Y Volver Siendo Otra Persona + SPECTRALISM

Un Set Como Una Historia

Para Kimm Laara, un set necesita introducción, desarrollo, clímax y desenlace. Antes de construir esa trayectoria observa el contexto. No es igual tocar en un speakeasy que en un club, una terraza, un bar o una fiesta; tampoco es lo mismo abrir una noche que encontrarse con una pista que lleva horas en movimiento. Desde allí comienza una lectura que continúa durante toda la presentación. Observa cómo baila la gente, sus reacciones, la energía general y el grado de conexión, pero intenta evitar una lógica puramente complaciente. No se trata de adivinar qué quiere escuchar cada persona y reproducirlo inmediatamente, sino de llegar con una propuesta propia y permitir que el encuentro entre esa propuesta y el público transforme el recorrido. Durante una mezcla presta atención al BPM, la tonalidad, los drums, el bajo, la textura, el ritmo y la energía, aunque insiste en que muchas decisiones ya no ocurren desde un análisis estrictamente técnico. Son años de escucha convertidos en intuición. A veces el set necesita sostener un groove; otras veces reclama un giro capaz de provocar sorpresa, euforia o liberación. La narrativa está preparada, pero nunca cerrada.

“La propuesta sigue siendo mía, pero el público también forma parte de la historia”.

 Esa idea sintetiza una búsqueda que resulta especialmente relevante para promotores y bookers: no presenta el DJ set como una secuencia rígida, sino como una experiencia que se escribe en tiempo real.

Su pasado como instrumentista también reaparece constantemente dentro de esa lectura. La percusión, particularmente, profundizó su capacidad para reconocer tiempo, patrones, fraseo, swing, flow, breaks y silencios. El bombo, el cajón peruano y actualmente la batería son parte de una formación que modifica tanto su selección como su manera de producir. Al escuchar un track puede aislar mentalmente determinados movimientos rítmicos e imaginar cómo dialogarán con otro tema. De hecho, cuando produce suele comenzar por los drums. Allí aparece una declaración que ayuda a comprender cómo concibe su lugar detrás de los decks: “Aunque esté utilizando decks y no un instrumento tradicional, sigo siendo músico”. Ese vínculo físico con el ritmo diferencia su manera de aproximarse al DJing. No existe una ruptura tajante entre quien alguna vez tomó una guitarra o trabajó con percusión y quien hoy mezcla música electrónica. Son diferentes herramientas dentro de una misma relación con el sonido. La guitarra le mostró una forma de libertad; la percusión fortaleció su lectura del movimiento; la electrónica terminó ofreciéndole el espacio donde ambas dimensiones podían encontrarse.

De Seleccionar Música A Crear Una Voz Propia

La producción representa ahora otra capa fundamental de ese desarrollo. Cuando mezcla, Kimm Laara utiliza obras creadas por otros artistas para construir una narrativa nueva; cuando abre Ableton, en cambio, esa historia puede comenzar desde el primer sonido. Un track puede surgir de una emoción, una reflexión, una textura o una idea que todavía no encontró en la música de alguien más. Esa diferencia le permite trabajar desde un territorio más íntimo y controlar cada elemento: drums, bajos, armonías, acordes, vocales, breaks y grooves. También abre la puerta a combinaciones que durante años quiso escuchar. Menciona, por ejemplo, su curiosidad por unir determinados elementos del Dubstep con el Garage. Pero la experimentación no responde únicamente a una voluntad de mezclar géneros por novedad. Existe una pregunta más compleja: ¿cómo innovar dentro de una cultura electrónica que ya posee décadas de historia? Para él, la respuesta no pasa necesariamente por inventar algo completamente inexistente, sino por reorganizar referencias conocidas hasta generar una sensación nueva. Progressive con Garage, Dubstep con Garage o atmósferas del Uplifting Trance transformadas dentro de otro lenguaje son algunas posibilidades. “Estos sonidos me resultan familiares, pero nunca los había escuchado combinados de esta manera”: esa es la reacción que le gustaría provocar. Más que perseguir un hit circunstancial, habla de música con intención, narrativa y capacidad de conservar significado con los años.

Foto de Kimm Laara: Diez Años Lejos De Las Cabinas Y Volver Siendo Otra Persona + SPECTRALISM

SPECTRALISM:

La misma voluntad de construir algo que exceda un único set explica el nacimiento de SPECTRALISM. La idea, asegura, existía incluso antes de tener nombre. Alrededor de los 16 años ya realizaba sets extensos —algunos todavía permanecen en YouTube— donde mezclaba estilos y compartía descubrimientos casi de manera instintiva. Paralelamente consumía programas como Protocol Radio de Nicky Romero, Kryteria Radio de Kryder, A State of Trance y Group Therapy, y observaba que detrás de esas emisiones había algo más que una playlist: existían universos reconocibles y comunidades construidas alrededor de ellos. Esa experiencia terminó convirtiéndose en referencia para un proyecto que hoy imagina con posibilidades mucho mayores. Kimm Laara es el DJ, músico, productor y fundador; SPECTRALISM es el espacio que puede incorporar a otros artistas. La intención es conectar con DJs y productores, compartir música, conocer historias y desarrollar gradualmente nuevas experiencias. En su visión de largo plazo aparecen eventos, una posible dimensión como sello y una plataforma internacional con comunidad propia. No se presenta todavía como una estructura consolidada ni como una promesa cumplida; es una dirección que está comenzando a desarrollarse. Su definición resulta contundente: “Kimm Laara es el artista y el fundador; SPECTRALISM es el universo”.

¿Qué recibe entonces un promotor cuando programa a Kimm Laara?

El propio artista evita una respuesta basada en promesas imposibles. No asegura una pista llena ni una reacción específica porque entiende que cada público, recinto y noche funcionan de manera diferente. Lo que sí plantea es una combinación de criterio musical, narrativa, presencia performática y lectura del público. No quiere ser percibido simplemente como alguien que reproduce UK Garage, Bassline o Garage House. Busca que la experiencia tenga cambios de intensidad, momentos de sorpresa y una conexión que permita al público recordar no solamente qué canciones escuchó, sino cómo se sintió durante el recorrido. Su ambición futura amplía esa escala: tocar en festivales y escenarios relevantes alrededor del mundo, realizar giras, colaborar, convertirse en una referencia dentro de los sonidos que trabaja y lograr que otros DJs y productores interpreten música creada por él. También persigue una firma sonora capaz de ser reconocida antes incluso de leer su nombre. Para SPECTRALISM, la aspiración es crecer hacia una plataforma internacional que reúna música, cultura, artistas y comunidad, con la posibilidad futura de convertirse en sello, desarrollar eventos e incluso alcanzar la dimensión de un festival o una gran experiencia musical. Pero existe una condición que atraviesa todos esos objetivos: conservar la esencia. Kimm Laara imagina mirar hacia atrás dentro de cinco, diez o veinte años y reconocer las horas de estudio, el cansancio, la disciplina y los momentos difíciles transformados en música y conexiones reales.

“Esta es apenas la primera página de una historia que sigue escribiéndose”.

 Por ahora, quizá esa sea precisamente la definición más exacta del proyecto: un artista que regresó para recuperar algo pendiente, pero terminó descubriendo que el verdadero desafío era construir algo que todavía no existía.

Foto de Kimm Laara: Diez Años Lejos De Las Cabinas Y Volver Siendo Otra Persona + SPECTRALISM

La música estuvo antes que Kimm Laara. Entre guitarras, percusión y una familia de músicos, comenzó una relación con el sonido que años después terminaría encontrando una nueva forma detrás de una cabina.

A los 15 años, A State of Trance 600 cambió su manera de vivir la electrónica. Salió con una idea clara: quería ser DJ. Pero su historia tendría una pausa de casi diez años antes de volver a empezar.

UK Garage, Bassline y Garage House se convirtieron en el corazón de su identidad. Kimm Laara no busca encerrarse en un género: utiliza el ritmo, el groove y la emoción para construir cada set como una historia.

Regresar al DJing también significó volver siendo otra persona. Nuevas herramientas, otro criterio y una visión más profunda transformaron la cabina en un espacio de expresión, liberación, disciplina y conexión.

Ahora la historia se expande con SPECTRALISM. Kimm Laara quiere llevar su música a nuevos escenarios mientras construye un universo capaz de reunir DJs, productores, cultura, eventos y comunidad.