Adriana Hernández, El Baile De La Memoria: Entre La Pérdida, La Nostalgia Y La Belleza Del Pop

Radicada en Montevideo pero cruzada por la presencia de su Ciudad de México natal, Adriana Hernández estrena un disco que mezcla los duelos, la ternura y la psicología en canciones para celebrar mientras el tiempo pasa.

Foto de Adriana Hernández, El Baile De La Memoria: Entre La Pérdida, La Nostalgia Y La Belleza Del Pop

El Fantasma Mexicano Y La Calma Montevideana

Nacer en un lugar para después vivir en otro arma historias bien distintas. Para la cantautora Adriana Hernández, nacida en Ciudad de México y radicada en Montevideo, las raíces no son solo un mapa, sino algo que siente cerca aunque no lo haya vivido del todo. “México vive siempre en el pasado”, cuenta la artista sobre su origen. “Es el paraíso perdido de mis padres, que me trajeron de allá cuando yo era bebé, por lo que nunca pude vivirlo. Pero lo escuché en cuentos toda mi vida”, comparte sobre ese lugar lejano. Más que un paisaje real, su herencia mexicana es como un fantasma. “Es mi prehistoria y un poco también como un fantasma. Creo que en ese sentido lo que moldea mi lenguaje musical es más bien esa mirada hacia la pérdida, una pérdida que no es mía pero me fue heredada”.

Esa melancolía se mezcla con una carrera variada que pasa por la fotografía, la literatura, el audiovisual y sus estudios en Psicología. Lejos de estar separadas, todas esas cosas se juntan cuando crea. “Creo que hay un diálogo inevitable, porque todos los caminos recorridos nos hacen quienes somos”, explica Adriana. El lado de la fotografía se nota en cómo arma las letras, porque sus canciones son muy visuales. “La fotografía por ejemplo puede verse en las imágenes que construyo, mis canciones son muy visuales. Además, cuentan una historia. Siempre estoy contando una historia, eso es lo que pude darme cuenta después de haber experimentado con diferentes disciplinas”, comenta. Por otro lado, la psicología anda por ahí metida sin que se note tanto: “La psicología me es más esquivo cómo incide, pero en última instancia forma parte de quien soy, así que seguro debe andar por ahí metida en mi mirada de los duelos, del amor”.

Celebrar Mientras Se Transita El Vacío

¿Se puede bailar mientras uno pasa por una pena grande? Con Mientras bailamos, su primer disco solista, Adriana Hernández muestra justo ese momento donde la fiesta y el bajón conviven. El nombre parece liviano, pero guarda cosas adentro. “Creo que lo elegí porque por un lado parece un nombre muy liviano, un nombre pop. Y a mí me interesa lo pop. Pero esconde. Y por eso también me gustó”, confiesa la artista. Lo importante está en la palabra de arranque. “Porque está implícito en ese ‘mientras’, que suceden otras cosas también. Todo lo que no se dice en el nombre es lo que sucede ‘mientras bailamos’, mientras vivimos”.

“La canción hace referencia a la búsqueda del propio deseo (ahí se asoma la psicóloga) desde un lenguaje muy llano. Creo que esa búsqueda, la de un lenguaje sencillo que pueda decir cosas más profundas, atraviesa todo el disco.”

— Adriana Hernández

A lo largo de los diez temas, el disco se agarra de una frase de Jorge Luis Borges —“Solo el que ha muerto es nuestro, solo es nuestro lo que perdimos”— para hablar de lo que queda cuando alguien o algo se va. “Tiene un poco que ver con lo que te decía al principio. Lo absolutamente real de lo que fue perdido. Como México para mis padres era una presencia constante”, analiza. Para ella, lo que no está ocupa un lugar. “El fantasma de lo que perdonamos… de lo que perdimos ocupa lugar y se hace carne en quienes somos. En este sentido creo que es verdaderamente nuestro. Porque además, es nuestro modo de no perderlo del todo. Nos quedamos con un pedazo de eso que se fue”, dice, y cuenta que esto se nota mucho en “Partida”, el sexto tema.

Reconciliación Con La Infancia

En las letras se cruzan la inocencia de cuando era chica y la ironía de grande. Aunque sale de su propia vida, ella busca que otros se sientan identificados. “Sin duda que tiene que ver con mi propia historia, aunque quiero creer, o espero, que no es autorreferencial”, aclara. “Creo que las canciones transmiten una experiencia que puede ser compartida. Porque todos fuimos niños, todos nos enamoramos, todos hemos perdido algo en el camino”.

¿Qué busca con todo esto? Para Adriana, es una forma de amigarse con las ausencias porque llegó tarde a los duelos. “Creo que la búsqueda detrás de esa elección es la de reconciliarme con lo perdido. Con el hecho de haberlo perdido. Yo llegué tarde a casi todos mis muertos”. “Con esto quiero decir que me di cuenta tarde de que el que no estuvieran era una posibilidad verdadera”, cuenta con total sinceridad. Como era chica, no vivió eso a pleno: “No los aproveché, no viví consciente de su finitud, quizá porque era muy chica. Por eso durante gran parte de mi búsqueda artística estuve yendo a buscar pedazos del pasado, para armar una especie de puzzle que me quede como una foto a la que puedo mirar, en la que puedo detenerme”.

“Quizá eso es parte del proceso de todos los duelos, armar algo nuevo que quede en lugar de lo que ya no está (aunque el vacío siempre queda, no se sustituye una cosa por la otra).

Pero también quiero que den alegría. Ahí está lo que te decía que me interesaba del pop. Eso pegadizo, esas melodías que te hacen dar ganas de salir a andar en bicicleta escuchándolas. Eso me parece maravilloso. Si algún día puedo hacer eso con una canción mía, me siento lograda”.

— Adriana Hernández

El Trabajo Con Gonzalo Deniz

Musicalmente, el disco mezcla pop, folk e indie, juntando guitarras u otros sonidos acústicos con cosas electrónicas. Ese sonido lo armó junto al músico y productor Gonzalo Deniz. “El trabajo con Gonza fue muy lindo, de mucho aprendizaje. Logramos un ida y vuelta en el que Gonza, amén de su conocimiento y experiencia, me dejó mucho tomar el volante de lo que íbamos creando”, cuenta.

Probaron varios caminos para los arreglos: “Me parece que hay dos vías en el disco, una más folk, en canciones como ‘Todo lo que tengo’ o ‘Protegiendo mi jardín’, y algo que se insinúa más desde lo electrónico en temas como ‘Partida’ o ‘Se derrumba’”, detalla. “Parte del camino con Gonza tuvo que ver con entender que las canciones podían ir, en términos de arreglos, para muchos lugares diferentes, y con elegir qué le quedaba mejor a cada una, a cada concepto”.

Foto de Adriana Hernández, El Baile De La Memoria: Entre La Pérdida, La Nostalgia Y La Belleza Del Pop

Perder La Vergüenza Y Animarse A Las Canciones

Al principio le costaba dar el paso de mostrar lo que escribía. “Yo siempre quise cantar, hacer música. Pero no me animaba”, admite. “Creo que todas mis incursiones en otras disciplinas han sido eso, rodeos entorno a lo que verdaderamente quería y era muy cobarde para alcanzar”.

“Por allá por 2017 comencé un taller de escritura con Claudio Burguez, escritor uruguayo, y me di cuenta de que efectivamente podía escribir. Eso me hizo preguntarme, ¿por qué no podría, entonces, escribir canciones?”

— Adriana Hernández

Tuvo varios empujones clave. Después del taller de escritura, conoció a alguien con quien empezó a jugar en un cuarto: “Él componía algo, y yo lo agarraba y me iba para adentro de un cuarto (porque me daba vergüenza) y le inventaba una melodía y una letra. Sin saber aún nada de armonía ni de composición musical”. Esa persona le dijo que podía hacerlo y la conectó con Garo Arakelián en 2018 para empezar a estudiar composición. “Sin esos empujones, no sé dónde estaría ahora”. Su paso por distintos talleres y espacios culturales le dio una mirada más amplia para pensar sus temas como conceptos.

Las Flores Y Los Videos

Adriana también codirigió los videos de “Se derrumba” y “Mientras bailamos” con Universo BB, donde las flores aparecen todo el tiempo. “Yo tomé las flores (que también están en la tapa del disco) porque son algo que se ofrece. Y hay una gran vulnerabilidad en quien ofrece flores. Así me sentía yo exponiendo por primera vez mis canciones”.

En “Mientras bailamos”, la protagonista reparte un ramo por las casas: “Pero a la vez también hay algo de ‘tomá, te dejo con esto, liberame de su peso’… El ramo significa el amor que ya no es. Tómenlo, yo ya no lo quiero. Pero al final inesperadamente le llega otro ramo, porque el amor vuelve, es inevitable”. En cambio, en “Se derrumba” pasa otra cosa: “Las flores representan la perfección a la que la protagonista aspira. Son algo que atesora pero que también le fastidia, le pone presión. Al final, todo se viene abajo, ‘y tengo que volver a empezar’”.

Foto de Adriana Hernández, El Baile De La Memoria: Entre La Pérdida, La Nostalgia Y La Belleza Del Pop

Habitar La Memoria Y La Ternura

Su misión artística busca hacer visible la memoria afectiva. Hablar de cosas tan internas da un poco de vértigo. “Tiene un poco que ver con esto que te decía de lo que significa para mí exponer este contenido tan interior. Supongo que eso le pasa a muchos artistas”. Por eso intenta usar palabras directas: “Intento que sea un lenguaje muy sincero, que diga lo que tiene que decir. Habitar lo afectivo desde un lugar honesto nos deja también vulnerables. Somos quienes somos. Y creo que sólo desde ese lugar se accede a la ternura. Sin vueltas, pero también sin medias tintas. Hay que jugarse todo”.

Y sobre el tiempo que pasa, resume: “Creo que me ayuda, como te decía, a armar ese collage del recuerdo. A quedarme con algo de lo perdido, aunque no sea eso. Porque no puede ser eso mismo, lo que ya pasó ya pasó y no podemos recuperarlo. Pero desde ese vacío nacen cosas nuevas. Por ejemplo, nacen canciones”.

El Nuevo Camino Con “El País De Los Pájaros”

Con el sencillo “El país de los pájaros”, siente que sigue un caminito natural. “Creo que hay una continuidad natural, sí. Acá hay una búsqueda de algo muy desnudo, muy honesto también”, cuenta. Es un tema súper despojado: “La voz está sola, todos los sonidos que aparecen en la canción salen del cuerpo, no hay ningún otro instrumento. La letra habla sobre la libertad y la liviandad, y en cierta medida hay algo de eso en la forma en que está compuesta y producida también, en esto de lo despojado”.

Para lo que viene, espera que la gente conecte desde otro lado: “Espero que quien me escuche pueda conectar afectivamente con las canciones, que se movilice algo propio en su interior. Ahí creo que efectivamente sucede la comunicación, y yo quiero comunicar”. Y para acompañar el proyecto, la invitación es sencilla:

“Creo que es escuchando las canciones, contándome quizá qué te produjeron, con qué te conectaron. También formando parte de los recitales en vivo, si quieren, que espero que quieran, ja ja. Yo voy caminando y espero que me acompañen, la música empezó en mi vida y ya no va a dejar de sonar.”

— Adriana Hernández

Foto de Adriana Hernández, El Baile De La Memoria: Entre La Pérdida, La Nostalgia Y La Belleza Del Pop

Entre Ciudad de México y Montevideo, Adriana Hernández construye una identidad musical atravesada por la memoria, las raíces heredadas y las ausencias que terminan convirtiéndose en canciones.

Con su primer álbum solista, Mientras bailamos, la cantautora explora una contradicción profundamente humana: encontrar motivos para bailar mientras la nostalgia, los duelos y los recuerdos siguen presentes.

La fotografía, la literatura y la psicología se encuentran en su universo creativo. Adriana transforma experiencias íntimas en relatos musicales donde la infancia, el amor y la pérdida adquieren nuevos significados.

Junto al productor Gonzalo Deniz, la artista construyó un sonido entre el pop, el folk, el indie y la electrónica. Diez canciones que encuentran belleza en la vulnerabilidad y nuevas formas de contar historias.

Con El país de los pájaros, Adriana abre una nueva etapa marcada por la libertad y la honestidad artística. Una propuesta donde la voz y los sonidos del cuerpo bastan para expresar lo esencial.