Maryan Medina: Una Bailarina Costarricense Que Encontró En La Danza Un Lugar Donde Su Voz También Se Mueve

Entre motores de aviones, largas jornadas de trabajo y un proceso constante de formación, Maryan Medina construye una identidad artística basada en la libertad, la energía y la convicción de que el baile puede expresar aquello que las palabras no alcanzan a decir.

Foto de Maryan Medina: Una Bailarina Costarricense Que Encontró En La Danza Un Lugar Donde Su Voz También Se Mueve

Del Hangar Al Escenario: Una Pasión Que Siempre Estuvo Ahí

Detrás de cada artista existe una historia que rara vez comienza sobre un escenario. En el caso de Maryan Medina, bailarina en formación originaria de Costa Rica, su camino empezó mucho antes de ingresar a una academia. Durante años, la danza fue un impulso imposible de ignorar: cada canción que sonaba despertaba la necesidad de moverse, de aprender una coreografía y de convertir la música en lenguaje corporal.

Sin embargo, su vida tomó un rumbo muy distinto al artístico. Mientras perseguía sus objetivos profesionales, construyó una carrera como mecánica de aviación en Coopesa, donde realiza mantenimiento, inspecciones, ajustes, limpieza, armado y desarmado de aeronaves. Un trabajo de precisión, disciplina y responsabilidad que, lejos de alejarla del arte, terminó reforzando la necesidad de encontrar un espacio donde liberar emociones.

«Dentro de la pista de baile siento un fuego muy grande en mi pecho, pero de mucha emoción y felicidad. Es una liberación que me desliga de mis preocupaciones diarias«, comparte Maryan al recordar por qué la danza se convirtió en una parte indispensable de su vida.

Aunque hoy se encuentra desarrollando su carrera como bailarina, su relación con el movimiento comenzó desde muy pequeña. Pasaba horas aprendiendo coreografías viendo videos en YouTube y recreando las rutinas de canciones que marcaban tendencia. Entre esos primeros recuerdos aparece una coreografía que aún conserva un significado especial: «Sorry» de Justin Bieber, creada por Parris Goebel, además de los éxitos de Black Eyed Peas y el reguetón de los años 2000.

Durante mucho tiempo, ese interés permaneció como un pasatiempo. Fue hasta entrar en sus veinte cuando decidió asistir por primera vez a una clase formal de baile. Eligió una disciplina que hasta entonces desconocía: el dancehall. No conocía su cultura ni su historia, pero bastó una clase para descubrir un universo completamente nuevo. Aquellos movimientos que contaban historias terminaron despertando una pasión que transformaría su vida.

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Aprender También Es Aprender A Equivocarse: Bailar Con Fuego, Sensualidad Y Libertad

Actualmente, Maryan continúa en formación, una etapa que describe como desafiante y profundamente exigente. Para ella, la constancia no solo significa practicar pasos de baile, sino también estudiar culturas, comprender los fundamentos de cada estilo y mantener al cuerpo preparado para responder con precisión.

Su preparación se centra especialmente en fortalecer aspectos como la coordinación, la postura y el dominio técnico, mientras profundiza en estilos como dancehall, hip hop, locking y waacking.

Pero el mayor reto no ha sido físico.

«Aceptar mis errores fue una de las cosas más difíciles. Soy muy perfeccionista y me costaba muchísimo equivocarme o verme mal bailando«, reconoce.

A esa dificultad se sumaron pausas obligadas provocadas por incompatibilidades laborales, horarios de ensayo y experiencias dentro de ambientes que no siempre fueron seguros para continuar creciendo. Ese estancamiento, lejos de detenerla definitivamente, terminó enseñándole que el progreso también requiere paciencia y fortaleza mental.

Si algo define la propuesta artística de Maryan es su negativa a encerrarse dentro de un solo estilo. Aunque el dancehall ocupa un lugar central en su identidad, disfruta explorar distintas disciplinas porque considera que cada una aporta herramientas diferentes para contar historias.

El dancehall representa para ella la interpretación y la expresividad escénica; el hip hop le permite jugar con el ritmo y el bounce; mientras que el locking y el waacking le ofrecen nuevas posibilidades para comunicar emociones a través de los brazos y la presencia corporal.

Su objetivo artístico también puede resumirse en tres conceptos que aparecen constantemente durante la conversación:

  • Fuego, como la energía que invade todo su cuerpo cuando comienza la música.
  • Sensualidad, inspirada especialmente por el dancehall female y su capacidad expresiva.
  • Diversión, porque considera que bailar debe transmitir la misma felicidad que siente quien está sobre el escenario.

«Me gustaría que la gente reconociera quién soy por mi propia forma de bailar«, afirma.

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El Baile Como Un Idioma Para Quienes Hablan Poco

Maryan se define como una persona introvertida, alguien que fuera de sus círculos de confianza encuentra difícil expresar todo lo que siente. Paradójicamente, esa barrera desaparece por completo cuando comienza a bailar.

¿Puede el movimiento convertirse en una conversación? Para ella, la respuesta es evidente.

Explica que la danza le permite representar emociones, narrar historias y mostrar sentimientos que, en muchas ocasiones, resultarían complicados de verbalizar. Esa conexión también aparece durante ejercicios en pareja dentro de las clases, donde asegura sentir que ambos bailarines mantienen un diálogo silencioso a través de cada secuencia coreográfica.

La Fortaleza Que Nadie Enseña

Más allá de la técnica, Maryan considera que la verdadera preparación ocurre en la mente. Aprender pasos nuevos, recordar información, aceptar correcciones y evitar compararse constantemente con otros bailarines son desafíos que ningún entrenamiento físico puede resolver por sí solo.

Con el tiempo ha aprendido a reducir el pesimismo con el que enfrentaba los errores y a desarrollar paciencia frente a procesos que requieren meses o incluso años.

«Me recuerdo la razón por la que sigo bailando y las metas que quiero conseguir«, explica cuando habla de los momentos en los que la frustración aparece.

Esa fortaleza también le permitió enfrentarse a experiencias fuera de su zona de confort, como practicar krump, un estilo caracterizado por su intensidad emocional. Durante un ejercicio tuvo que expresar enojo dentro de un cypher, una vivencia que la ayudó a descubrir nuevas formas de conectar con sus emociones.

Foto de Maryan Medina: Una Bailarina Costarricense Que Encontró En La Danza Un Lugar Donde Su Voz También Se Mueve

Sueños Que Ya Tienen Dirección

Aunque reconoce que aún continúa aprendiendo, Maryan tiene muy claro hacia dónde quiere llevar su carrera.

Entre sus principales metas destaca participar algún día en competencias internacionales de baile, seguir ampliando su formación y cumplir uno de sus mayores sueños: bailar para Just Dance.

A cinco años de distancia, no imagina únicamente un mayor nivel técnico. Visualiza algo mucho más importante: que el público pueda reconocer su identidad apenas la vea moverse.

«Me gustaría que viajaran a través de la música con cada paso que vaya ejecutando«, comenta.

Más Que Una Bailarina, Un Espacio De Libertad

Cuando se le pregunta qué legado desea construir, la respuesta se aleja de trofeos, títulos o reconocimientos.

Maryan sueña con crear un espacio donde las personas encuentren aceptación, creatividad y libertad para expresarse sin miedo.

Porque, desde su perspectiva, la diferencia entre una bailarina técnicamente preparada y una artista inolvidable no está únicamente en la ejecución de los movimientos, sino en el alma que logra transmitir sobre el escenario.

Quizá esa filosofía resume también su propia historia. La de una joven que encontró en la danza el lugar donde podía transformar el estrés en energía, la timidez en expresión y los obstáculos en impulso para seguir creciendo. Mientras continúa formándose, Maryan Medina ya empieza a construir aquello que más desea: una identidad propia capaz de emocionar al público con cada movimiento.

Foto de Maryan Medina: Una Bailarina Costarricense Que Encontró En La Danza Un Lugar Donde Su Voz También Se Mueve

Del mantenimiento de aviones al escenario: Maryan Medina demuestra que los sueños no tienen un solo camino. Su historia une disciplina, pasión y el deseo de convertir la danza en el lugar donde realmente puede ser ella misma.

 

Para Maryan, bailar va mucho más allá de aprender una coreografía. Es una forma de liberar emociones, dejar atrás el estrés y contar historias sin pronunciar una sola palabra, transformando cada movimiento en una conexión con el público.

 

Aunque continúa en formación, no le teme a ningún reto. Dancehall, hip hop, locking y waacking forman parte de un proceso en el que cada estilo le aporta nuevas herramientas para construir una identidad artística auténtica.

 

Su mayor batalla no ha sido aprender pasos difíciles, sino vencer el perfeccionismo, aceptar los errores y confiar en su propio proceso. Una conversación honesta sobre crecimiento, inseguridades y la fuerza que exige perseguir un sueño.

 

Con la mirada puesta en competencias internacionales y el sueño de bailar para Just Dance, Maryan Medina quiere que el público la recuerde por su energía, su esencia y la libertad que transmite en cada presentación.