Makiabelo: El Sonido De La Riviera Maya

Foto de Makiabelo: El Sonido De La Riviera Maya

La Riviera Maya

Para entender a Makiabelo primero hay que entender que el proyecto no nació únicamente de la necesidad de convertirse en DJ. Su origen está ligado a algo más íntimo: encontrar un espacio donde una parte de su personalidad pudiera expresarse sin demasiados filtros. Originario de Cancún, Quintana Roo, define a Makiabelo como un alter ego que le permite llevar hacia afuera aquello que conecta con la música, la creatividad y las emociones que habitualmente permanecen en el interior.

Incluso el nombre guarda una referencia intelectual. Surge de su admiración por Nicolás Maquiavelo, uno de sus escritores favoritos, y particularmente de la manera en que sus ideas abordan el control, la estrategia y la necesidad de tomar las riendas del terreno social. Makiabelo trasladó ese concepto a su propia búsqueda artística: 

para conseguir que una voz sea escuchada —o, en su caso, que un sonido encuentre espacio— muchas veces es necesario presentar algo diferente, incluso cuando todavía no todos logran comprenderlo.

Así fue tomando forma una identidad que hoy busca posicionarse más allá de su lugar de origen.

Hay artistas que hablan de su ciudad como una referencia biográfica. En Makiabelo, la Riviera Maya funciona prácticamente como un instrumento más. Cancún, Tulum, Playa del Carmen, Isla Mujeres y Cozumel aparecen constantemente cuando explica su manera de construir música, leer una pista o imaginar una noche. No se trata solamente de lugares donde ha trabajado: son escenarios que terminaron educando su oído.

“Me siento muy orgulloso de donde soy, Cancún, de mi estado, Quintana Roo”, afirma. Su experiencia incluye fiestas en villas privadas, amaneceres en beach clubs, raves rodeados de selva, jornadas de buceo en Cozumel y reuniones en yates donde personas de distintos países terminan encontrándose mediante la música. Todo eso le permitió comprender algo esencial: la canción adecuada para la 1 de la mañana no necesariamente es la indicada para las 4, y mucho menos para las 7. Una noche, para él, debe construirse.

Ese aprendizaje explica buena parte de su propuesta. Cuando imagina lo que una persona debería sentir al escuchar un set de Makiabelo, no habla inicialmente de BPM, técnicas o etiquetas. Habla de la playa, el mar, un atardecer en medio del océano, los pies sobre la arena y los primeros rayos de un amanecer después de una noche bailando en Tulum. También aparecen la melancolía, la oscuridad, el rugido del bajo y la sensación física del cuerpo respondiendo al ritmo. “Amor, liberación, paz, reinicio”, resume. Y utiliza otra imagen especialmente personal: la del buceo, cuando se toca fondo y lo único que queda es volver a emerger.

Groove, House, Afrohouse Y Techno Sin Fronteras Rígidas

Musicalmente, su recorrido se desplaza entre Groove, House, Afrohouse y Techno, pero Makiabelo evita pensar esos géneros como habitaciones separadas. Su objetivo es encontrar relaciones entre ellos a partir de la sensación que produce cada track. ¿Qué ocurre si el siguiente sonido no es exactamente el que el público estaba esperando, pero emocionalmente resulta perfecto?

Para explicarlo recurre a una comparación alejada del lenguaje técnico: combinar música, dice, puede ser parecido a descubrir que determinada comida sabe mejor acompañada por agua de jamaica o maracuyá. Lo importante no es solamente que dos canciones mezclen correctamente, sino que “empaten las sensaciones”. Ese principio le permite cambiar de territorios sonoros manteniendo una narrativa común: generar sorpresa, placer, tensión y movimiento sin romper el viaje.

“Sunrise Son”: El Hijo Del Amanecer

Dentro de esa identidad existe un concepto especialmente importante: “Sunrise Son”. Para Makiabelo, el amanecer representa mucho más que el final de una fiesta. Es una imagen asociada a algunos de sus mejores recuerdos, a momentos de claridad y a la posibilidad simbólica de comenzar otra vez. 

“Genuinamente soy el hijo del amanecer. En el amanecer he encontrado las mejores respuestas”, explica.

La idea terminó trascendiendo lo conceptual y llegó también a su catálogo. “Sunrise Son” es el título de su segundo track, lanzado con el sello Manmusic Lab, convirtiendo una frase que inicialmente utilizaba consigo mismo en parte tangible de su producción. Junto con “Sound of the Sea”, la canción funciona como una puerta de entrada para cualquiera que quiera comprender el universo sonoro que intenta construir: mar, calor, melancolía, afterhours y energía de amanecer.

Un set en Malecón Américas, frente a más de 200 personas, marcó uno de los primeros grandes cambios de su carrera. Después llegaron nuevas fechas, producción musical y una expansión que comenzó a salir de Quintana Roo.

De Los Hoteles Al Momento En Que Cancún Escuchó El Nombre

Antes de ampliar su circuito, Makiabelo desarrolló una parte importante de su experiencia como DJ de hoteles. Trabajó formalmente en Hilton y Atelier, y posteriormente llegó como contratación externa a distintos complejos de la Riviera Maya. Esa etapa resultó fundamental porque lo enfrentó permanentemente a públicos internacionales.

Tocar frente a personas de diferentes culturas le exigió ampliar su conocimiento musical. Había que entender qué podía conectar a asistentes que no compartían nacionalidad, idioma ni referencias culturales. También descubrió el efecto que produce escuchar música propia de una cultura estando a miles de kilómetros de casa. Para él, esas canciones pueden hacer que alguien se sienta temporalmente más cerca de su país. “Esas experiencias te marcan y te hacen rico de conocimiento musical”, sostiene. La misión terminó pareciéndose, en sus palabras, a preparar un buen buffet: ofrecer suficientes elementos para que todos encuentren algo que puedan disfrutar, sin perder el objetivo principal de la fiesta: bailar.

Uno de los puntos de inflexión llegó en el Bowling de Malecón Américas, en Cancún. Makiabelo ya trabajaba en hoteles cuando pidió un espacio dentro del line-up de un evento organizado por una productora. Recuerda haber encontrado una pista que necesitaba recuperar energía y una biblioteca cargada de música que llevaba tiempo queriendo probar frente a un público numeroso. Durante su presentación, calcula que más de 200 personas terminaron concentrándose alrededor de la fiesta. “Logré reventar la fiesta”, recuerda. Después de aquella presentación comenzaron a aparecer invitaciones para tocar en otros lugares y oportunidades vinculadas a la producción musical. En su memoria, fue la noche en que el nombre de Makiabelo comenzó a pisar fuerte en Cancún.

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Un Yate, Puebla Y La Expansión Hacia El Centro De México

Otro momento decisivo ocurrió con su primer set en un yate. La conexión entre música, mar y navegación encajó de manera inmediata con el universo que estaba construyendo. La experiencia se repitió posteriormente en nuevas ocasiones, pero su crecimiento pronto comenzó a mirar fuera de Quintana Roo. Una señal clara llegó cuando fue contratado para tocar en Puebla con vuelos y producción cubiertos, algo que para el artista representó una nueva dimensión profesional del proyecto.

La expansión hacia el centro del país comenzó también gracias a vínculos desarrollados durante su recorrido. MERF, productor y DJ originario de Cuernavaca que había sido su jefe de DJs en Atelier, terminó convirtiéndose en amigo y uno de los puentes hacia nuevas conexiones. A través de él conoció a Paredes, socio del estudio MIXXAR en Ciudad de México. A ese círculo se sumaron Ramoss y contactos en Puebla y Guadalajara. El resultado fue un recorrido que pasó por Puebla, CDMX, Nayarit y Guadalajara, antes de cerrar nuevamente en Cancún con una Yacht Party.

Puebla, CDMX, Nayarit y Guadalajara formaron parte de una nueva etapa. Su propuesta encontró respuesta fuera de la Riviera Maya y, apenas tres meses después, volvió a ser convocado para tocar en Bajomundo, Condesa.

Medirse Con Ciudad De México Y Crear Una Fiesta Que Huela A Selva Y Mar

La experiencia en Ciudad de México representó un desafío particular. Makiabelo encontró allí un público que considera especialmente actualizado musicalmente. “El que sabe, sabe”, dice al describirlo. En vez de evitar esa presión, decidió utilizarla como prueba: quería saber si una propuesta construida entre Cancún y la Riviera Maya podía dialogar con una escena distinta.

La respuesta terminó abriendo una segunda oportunidad. Tres meses después fue convocado nuevamente para presentarse en Bajomundo, en la Condesa. Allí coincidió con DJs relacionados con Tulum y la noche derivó en un afterhours donde, según recuerda, terminaron mezclándose elementos de ambas escenas. En medio de la fiesta apareció además Patrice Bäumel, un encuentro inesperado que Makiabelo describe como “un momento muy random”. Más allá de la anécdota, esa segunda invitación confirmó algo importante: la propuesta podía salir de su territorio habitual y encontrar recepción en otro circuito.

Cuando dispone de libertad para diseñar una experiencia desde cero, Makiabelo busca ir más allá de la selección musical. Le interesa construir ambientes tribales y selváticos, trabajar con luces, sombras y espacios híbridos donde el establecimiento y la experiencia artística comiencen a mezclarse. La aspiración es sencilla de describir pero difícil de ejecutar: que alguien entre y piense 

“esto es lo que imaginaba cuando me hablaban de las fiestas de la Riviera Maya”.

La misma filosofía aparece en la estructura de sus sets. Le gusta comenzar como quien acaba de despertarse: lentamente, permitiendo que el público reconozca el espacio. Después llega una fase más relajada y bailable; posteriormente comienzan a aparecer sonidos menos previsibles y, finalmente, una intensidad mayor. Su manera de explicarlo conserva el humor con el que entiende la pista: primero “suena tranqui”, después llega el “bailecito rico” y, más adelante, ese instante en el que el público comienza a preguntarse qué está ocurriendo antes de recibir un golpe mayor de energía. No busca intensidad permanente, sino progresión y coherencia.

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“Riviera Maya Vibes” Como Carta De Presentación

¿Qué recibe entonces un promotor cuando contrata a Makiabelo? Su respuesta cabe en tres palabras: “Riviera Maya Vibes”. Para quienes ya conocen Tulum y el Caribe mexicano, espera que la referencia resulte inmediata. Para quienes nunca han vivido esa escena, propone experimentar una aproximación a su esencia: la sensación de escuchar música sobre un yate un domingo, rodeado por el mar turquesa y acompañado por un buen drink.

Su recorrido por hoteles Luxury, clubes, restaurantes, rooftops, speakeasies, yates, eventos exclusivos, producciones profesionales y experiencias propias le ha permitido desarrollar una propuesta adaptable sin abandonar ese origen. El objetivo no es reproducir exactamente el mismo set en cada espacio, sino trasladar una sensibilidad. La pista cambia, la ciudad cambia, el horario cambia; la intención permanece.

De Puerto Escondido A Ibiza

La siguiente etapa apunta a ampliar todavía más ese mapa. Entre sus objetivos aparecen Puerto Escondido, Monterrey, Los Cabos y Querétaro dentro de México, además de Colombia y Argentina fuera del país. Más adelante surge uno de los destinos que ocupa un lugar especial dentro de su imaginario: Ibiza, donde sueña con compartir la experiencia de esos amaneceres que han marcado su identidad.

También quiere profundizar en la producción y colaborar con personas que compartan una manera similar de comprender la música. Menciona especialmente a su maestro Carlos Castro, además de Artel Govea y MERF, a quienes reconoce como participantes de su crecimiento. Entre los proyectos que imagina aparecen conexiones con Gratitude Records de Tulum, un show audiovisual junto a VJ Plug, sesiones en el estudio de Omar Labastida y, llevando la aspiración a una escala mayor, sellos como Innervisions o Nervous Records.

Makiabelo resume su proyecto mediante una cadena de palabras: 

“Amanecer, emociones, melancolía, diversión, chill out, sabrosidad, calor, afterhours, amor, conexión”.

Pero quizá la definición más precisa esté en el camino que ya comenzó a recorrer. Desde los hoteles de la Riviera Maya hasta una pista con más de 200 personas en Cancún; desde un primer yate hasta presentaciones fuera de Quintana Roo; desde los amaneceres del Caribe hasta una segunda convocatoria en Ciudad de México apenas tres meses después. Makiabelo está intentando convertir un lugar en un sonido. Y ahora ese sonido busca viajar.

Foto de Makiabelo: El Sonido De La Riviera Maya

Makiabelo transforma la Riviera Maya en sonido: amaneceres, mar, selva, afterhours y bajos envolventes se mezclan en una propuesta que busca hacer sentir antes que simplemente hacer bailar.

De Cancún a Tulum, Isla Mujeres y Cozumel, su recorrido se construyó entre hoteles, clubes, rooftops, yates y eventos exclusivos, aprendiendo a conectar públicos de distintas culturas con una misma pista.

Un set en Malecón Américas, frente a más de 200 personas, marcó uno de los primeros grandes cambios de su carrera. Después llegaron nuevas fechas, producción musical y una expansión que comenzó a salir de Quintana Roo.

Puebla, CDMX, Nayarit y Guadalajara formaron parte de una nueva etapa. Su propuesta encontró respuesta fuera de la Riviera Maya y, apenas tres meses después, volvió a ser convocado para tocar en Bajomundo, Condesa.

“Amanecer, emociones, melancolía, diversión, calor, afterhours, amor y conexión.” Así define Makiabelo una identidad que ahora apunta a nuevos destinos, colaboraciones y escenarios fuera de México.

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