Diego García Fundador De Muzak: La Necesidad De Construir Escena

Con Muzak, dejó de pensar únicamente como DJ para comenzar a construir escena: abrir espacios, conectar artistas y crear experiencias alrededor de la música electrónica local.

Foto de Diego García Fundador De Muzak: La Necesidad De Construir Escena

Ciudad Juárez, México

Antes de pensar en una carrera, en escenarios internacionales o incluso en fundar Muzak, Diego García encontró en la música electrónica una curiosidad que terminaría acompañándolo durante más de dos décadas. Originario de Ciudad Juárez, México, sus primeros acercamientos a la cabina estuvieron marcados por el entusiasmo de descubrir canciones, aprender a mezclarlas y observar qué sucedía cuando esas decisiones provocaban una reacción del otro lado. Aquellas primeras experiencias frente a una pista terminaron modificando su manera de entender el oficio. “Creo que fue cuando empecé a entender que ser DJ no era solamente poner música, sino contar una historia con ella”, recuerda. La adrenalina, el nerviosismo y la sensación de poder generar algo colectivo fueron suficientes para hacerle pensar que aquello podía convertirse en algo mucho más importante.

El Diego de esos primeros años, según cuenta, estaba lejos de imaginar todo lo que vendría después. Su único objetivo era tocar, descubrir música y algún día ocupar una cabina dentro de un club. No pensaba todavía en desarrollar una imagen artística ni en construir una trayectoria de largo plazo. Escuchaba constantemente, observaba a otros DJs y trataba de identificar cuáles eran los sonidos que realmente lo representaban. Con el tiempo entendió conceptos que hoy considera esenciales: leer una pista, administrar la energía, saber cuándo contenerse y comprender que el valor de un DJ no está necesariamente en demostrar cuánto conoce.

“Ser DJ no se trata de demostrar cuánto sabes, sino de generar una conexión con la gente”.

Esa búsqueda constante de música y esa necesidad de conexión siguen siendo, veinte años después, dos de los pilares de su trabajo.

Progressive House

Su identidad terminó encontrando un territorio natural en el Progressive House. No se trató solamente de una elección estética. Diego reconoce en la profundidad, la paciencia y la evolución característica del género algo cercano a su propia personalidad. Se describe como una persona introspectiva y observadora, cualidades que encuentra reflejadas en un sonido que evita entregar todas sus respuestas desde el comienzo. El Progressive puede construir tensión durante minutos, transformar lentamente una atmósfera y conducir a la pista hacia un lugar que inicialmente parecía imprevisible. “No me interesa solamente llegar al punto más alto de energía, sino todo lo que sucede antes y después para que ese momento realmente tenga sentido”, explica. ¿Qué valor tendría un clímax si no existe un recorrido previo capaz de justificarlo?

Aunque el Progressive House permanece como su raíz, su propuesta no está encerrada dentro de una única etiqueta. A lo largo de sus sesiones aparecen elementos del Deep House, Organic House, Melodic House e Indie Dance, herramientas que utiliza para responder al espacio, al horario y, especialmente, a las señales de la pista. Esa amplitud adquiere mayor sentido cuando dispone de varias horas para tocar. En los sets extensos puede desarrollar la música gradualmente, abrir diferentes caminos y evitar la presión de buscar un impacto inmediato. Para Diego, una noche completa necesita respiración: momentos de construcción, pausas, tensión y liberación. Su objetivo final no es que alguien abandone el lugar recordando únicamente un género, sino una sensación mucho más difícil de fabricar: “Me llevó por un viaje profundo y no quería dejar de bailar”.

La Escuela De Sasha, Digweed, Warren Y Pappa

Parte fundamental de esa filosofía nació escuchando a Sasha, John Digweed, Nick Warren y Anthony Pappa, nombres que ayudaron a definir una generación del Progressive y que terminaron convirtiéndose en referencias para su manera de pensar una sesión. De ellos absorbió principalmente una virtud que hoy parece especialmente relevante: la paciencia. En lugar de perseguir constantemente el momento explosivo, aquellos DJs podían desarrollar un relato durante horas, sosteniendo profundidad y elegancia mediante la selección. Diego menciona particularmente la época de Global Underground, cuando una sesión podía escucharse como una obra completa en lugar de como una simple sucesión de tracks. Aquella escuela permanece en su manera de tocar: no tener prisa, dejar respirar la música y permitir que la evolución ocurra de manera progresiva.

Con los años también comprendió que una mezcla impecable técnicamente no garantiza ninguna emoción. Durante sus primeras etapas, buena parte de su concentración estaba puesta en cuadrar correctamente los tracks, ejecutar transiciones limpias y encontrar rápidamente la siguiente canción. La experiencia cambió esa prioridad. Llegó un momento en el que comenzó a pensar menos en canciones individuales y más en lo que quería provocar durante las siguientes horas. Entonces aparecieron preguntas distintas: ¿qué sensación debe dejar este track antes de pasar al siguiente?, ¿cuánto tiempo puede sostenerse una tensión?, ¿cuándo necesita respirar una pista? 

“Podías hacer mezclas técnicamente perfectas y aun así no transmitir absolutamente nada”.

Desde entonces, la narrativa pasó a ocupar el centro de su trabajo.

Identidad

Para Diego, un set nunca debería estar completamente cerrado antes de comenzar. Existe una dirección posible, una selección preparada y distintos caminos imaginados, pero la decisión final ocurre frente a la pista. Observar se convierte entonces en una parte tan importante como mezclar. Mira si las personas continúan conectadas, si comienzan a distraerse, si determinado groove puede sostenerse algunos minutos más o si la energía reclama una modificación. Esas señales no siempre son evidentes. Una pista puede continuar bailando y, sin embargo, estar pidiendo un movimiento diferente. Uno de los aprendizajes más importantes de sus dos décadas de trayectoria ha sido precisamente no tener miedo de sostener la tensión. Resolver demasiado pronto puede quitarle valor al momento que viene después. Cuando esa tensión permanece durante varios tracks, el eventual ascenso adquiere otra dimensión.

La necesidad de adaptación se hizo todavía más evidente cuando comenzó a tocar fuera de su entorno habitual. A lo largo de su carrera ha participado en espacios y eventos de Ciudad Juárez, Chihuahua y Playa del Carmen, y ha compartido cabina con artistas nacionales e internacionales como Audiojack, Oliver Huntemann, Martin Eyerer y Gux Jiménez, entre otros. Encontrarse frente a una audiencia que desconoce su propuesta le enseñó que ninguna fórmula funciona exactamente igual en todas partes. Cambian el contexto, las personas y las expectativas. Sin embargo, adaptación no significa renuncia. Diego puede modificar la intensidad, explorar otros sonidos o elegir un camino diferente, pero intenta conservar el criterio que sostiene su identidad. “Adaptarte no significa abandonar tu identidad”. Para él, conquistar una pista que llegó sin expectativas previas tiene un valor particular: significa que fue la música, y no la familiaridad, la que terminó estableciendo el vínculo.

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Muzak Y La Necesidad De Construir Escena

Su recorrido también empezó a expandirse fuera de la cabina con la creación de Muzak, proyecto del que es fundador. La iniciativa nació de una inquietud concreta: no limitarse a esperar invitaciones para tocar, sino convertirse también en alguien capaz de proponer experiencias. Diego observaba DJs locales, conceptos y música con posibilidades de encontrar nuevos espacios y decidió transformar esa percepción en una plataforma propia. Muzak comenzó con la intención de reunir personas atravesadas por una pasión común, organizar eventos y ofrecer lugar a sonidos y artistas de la región. Esa decisión también representó un cambio en su manera de pensarse dentro de la escena. Ya no se trataba únicamente de preguntarse dónde tocaría después, sino de qué podía aportar al ecosistema del que formaba parte.

Su aspiración es que Muzak pueda consolidarse como una plataforma reconocible dentro de la cultura electrónica de Ciudad Juárez, y no exclusivamente como una marca asociada a fiestas. Quiere que allí convivan DJs, propuestas emergentes y personas interesadas en la música electrónica, al mismo tiempo que se generen conexiones entre distintas generaciones de artistas. El concepto de curaduría ocupa un lugar especialmente importante: que el público pueda encontrar el nombre Muzak en un evento y confiar en que existirá detrás una propuesta musical cuidada, independientemente de quién aparezca en el lineup. También imagina colaboraciones con artistas y colectivos de otras ciudades y mayores intercambios entre escenas. “Con Muzak entendí que no solamente quería formar parte de la escena, sino también ayudar a construirla”.

Veinte Años Después, Los Sueños Siguen Creciendo

Más de veinte años detrás de las tornamesas no han disminuido su ambición. Por el contrario, Diego observa lo construido como un punto desde el cual continuar avanzando. Uno de sus mayores objetivos es llevar su música a diferentes partes del mundo, un deseo que conecta directamente con otra de sus pasiones: viajar, conocer lugares y entrar en contacto con nuevas culturas. Entre los escenarios que aparecen en ese horizonte menciona festivales como Armonía, en México, y Balance Croatia, en Croacia, además de clubes que considera referencias dentro de la escena: La Biblioteca en Buenos Aires, Fünk en Ciudad de México, Bar Américas en Guadalajara, Club Space en Miami y Pacha en Ibiza, entre otros.

Más allá del prestigio asociado a cualquiera de esos nombres, su motivación parece permanecer vinculada al mismo impulso que sintió durante sus primeros años: descubrir qué ocurre cuando una selección musical entra en contacto con personas nuevas. La posibilidad de tocar frente a públicos de otras partes del mundo representa tanto una meta profesional como una oportunidad de continuar aprendiendo. 

“Después de más de 20 años detrás de una cabina, sigo teniendo muchos sueños por cumplir y la misma pasión que me hizo comenzar”, sostiene.

 Su intención es seguir construyendo su camino, expandiendo su propuesta y descubriendo hasta dónde puede llevarlo la música.

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Un Viaje Que Todavía No Llegó A Su Destino

Tal vez la mejor manera de comprender la trayectoria de Diego García sea pensarla de la misma manera en que él concibe uno de sus sets. Hay un punto de partida reconocible —aquella curiosidad inicial frente a la música electrónica—, un desarrollo de más de dos décadas marcado por cabinas, ciudades, referentes y aprendizaje, y una dirección futura que todavía permanece abierta. En medio aparecen Progressive House, Muzak, Ciudad Juárez, incontables horas buscando música y una filosofía que parece haber sobrevivido intacta al paso del tiempo: ninguna canción debería estar ahí simplemente porque funciona; debe existir una razón para colocarla dentro del relato.

Después de veinte años, Diego no parece interesado en acelerar artificialmente ese recorrido. Su mirada continúa puesta en la construcción, en la profundidad y en esa relación silenciosa que se establece entre quien selecciona la música y quienes deciden seguirlo durante horas. Nuevos clubes, festivales, países y públicos aparecen ahora como posibilidades dentro de una historia que todavía está desarrollándose. Porque, al final, detrás de todos los géneros, nombres y escenarios existe una idea mucho más sencilla: construir un viaje con principio, desarrollo y destino. Y para Diego García, ese destino todavía parece estar mucho más adelante.

Foto de Diego García Fundador De Muzak: La Necesidad De Construir Escena

Más de 20 años detrás de las tornamesas y una misma idea: no solo poner música, sino construir un viaje. Diego García convirtió el Progressive House en una forma de contar historias desde la cabina.

Influenciado por Sasha, John Digweed, Nick Warren y Anthony Pappa, desarrolló una visión basada en la paciencia, la selección y la construcción progresiva de cada set.

Desde Ciudad Juárez, Diego ha llevado su propuesta a distintos escenarios de México, compartiendo cabina con artistas nacionales e internacionales sin perder la identidad que define su sonido.

Con Muzak, dejó de pensar únicamente como DJ para comenzar a construir escena: abrir espacios, conectar artistas y crear experiencias alrededor de la música electrónica local.

Su próximo objetivo apunta más lejos: festivales, clubes y nuevas ciudades alrededor del mundo. Después de dos décadas, Diego García todavía quiere descubrir hasta dónde puede llevarlo la música.

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