Kàl: “No me gusta ponerle etiquetas a la música”

Desde Costa Rica, Kàl construye una identidad electrónica que va más allá de los géneros: una narrativa emocional, técnica y profundamente personal que hoy encuentra su punto más honesto en la producción original y en una nueva etapa de vida.

Foto de Kàl: “No me gusta ponerle etiquetas a la música”

¿Qué implica construirse como artista desde una raíz?

En una escena electrónica en constante transformación, donde la identidad suele diluirse entre tendencias pasajeras, el proyecto de Kàl —nombre artístico de Marco Fernández— se posiciona con una base conceptual clara y profundamente simbólica. Su nombre proviene de la palabra “kàl”, que significa árbol en el idioma indígena costarricense Bri Bri. No es un detalle menor: es una declaración de principios.

¿Qué implica construirse como artista desde una raíz? Para Kàl, la respuesta no está únicamente en la música, sino en la historia personal que la sostiene. “Definitivamente la etapa que siento que representó mis raíces fue mi niñez”, explica. Aunque en ese entonces no existía una intención profesional, sí había una constante: el arte. Desde actos cívicos hasta la banda escolar, pasando por sus primeras colecciones de cassettes y CDs, la música siempre estuvo presente, incluso antes de ser un proyecto.

Del Open Format A La Electrónica

El año 2018 marca el inicio formal de su camino como DJ, comenzando en el terreno del Open Format, un espacio versátil pero también limitado en términos narrativos. Con el tiempo, esa exploración lo llevó hacia la música electrónica, donde encontró algo más que un género: encontró libertad.

“Descubrí que la música es sentimiento, y no es necesario letras para poder expresarse”, afirma. Esa revelación redefine su enfoque artístico. En contraste con la estructura rígida de canciones con vocales, la electrónica le permitió construir relatos sonoros sin restricciones, donde cada transición, cada silencio y cada drop responde a una intención emocional y no a una estructura predefinida.

Foto de Kàl: “No me gusta ponerle etiquetas a la música”

El Sonido

Hablar del sonido de Kàl implica recorrer un mapa amplio: Chicago House, French House, UK House, Progressive y Deep House. Sin embargo, el propio artista rechaza encasillarse. “No me gusta ponerle etiquetas a la música”, sostiene con firmeza.

Lejos de ser una postura superficial, esta decisión responde a una lógica artística clara: la música como extensión de la personalidad. Su criterio no parte del género, sino de la conexión emocional con cada track. Aun así, hay elementos distintivos que atraviesan sus sets:

  • Mezcla armónica precisa
  • Líneas de bajo groovy predominantes
  • Riqueza percusiva
  • Uso expresivo de efectos

El resultado es un “cuento musical”, como él mismo define su propuesta: una experiencia que evoluciona en tiempo real y que busca mantener coherencia sin perder espontaneidad.

2023: El Año De La Transformación

Si hay un punto de inflexión en su carrera, ese es 2023. No se trata solo de crecimiento profesional, sino de un cambio de mentalidad. “Empecé a cambiar cómo quería manejar mi proyecto”, recuerda.

Ese año se materializan varias claves:

  • La conexión con Checoloco y Sotto
  • La creación del colectivo Four To The Floor
  • Una mayor inmersión en la escena electrónica nacional
  • Y, sobre todo, una decisión fundamental: tomar en serio la producción musical

“Es un aprendizaje que requiere constancia y disciplina”, explica. Aquí aparece un concepto central en su discurso: la mejora continua. No como una meta, sino como un proceso permanente que hoy sigue moldeando su identidad.

Foto de Kàl: “No me gusta ponerle etiquetas a la música”

Escenario Y Comunidad

Kàl no ha desarrollado su carrera en aislamiento. Su presencia en espacios como Treehouse (Nicaragua), Fauna (San José), Sunday Funday (Nicaragua) y Microgarden Record Store (San José) refleja una inserción progresiva en distintos circuitos de la región.

A esto se suma su participación en programas radiales como “Crossfade” (95.5 FM) y “Musique Concrete” (104.7 FM), plataformas que amplifican su propuesta más allá de la pista de baile.

Pero es en el colectivo Four To The Floor, junto a Nina Houed, Checoloco y Sotto, donde su proyecto adquiere una dimensión colaborativa. Bajo el concepto “Our House Is Your House”, no solo presentan eventos, sino que construyen una idea de comunidad. ¿Es posible que la música electrónica recupere su sentido de pertenencia? En su caso, la respuesta parece ser afirmativa.

El Arte De Conectar

En los sets de Kàl, la técnica está al servicio de algo más grande: la narrativa emocional. “Un DJ set debe ser un reflejo en vivo de cómo está el artista”, afirma.

Esto implica una toma de decisiones constante, influenciada por:

  • El contexto del evento
  • El horario
  • El estado emocional del propio artista

Sin embargo, hay un objetivo transversal: generar dinamismo de escenarios. Es decir, llevar al oyente por distintos estados, sin perder coherencia. Una especie de viaje donde lo físico y lo mental conviven.

Y en ese proceso, hay algo que nunca cambia: el disfrute. “Amo mezclar y ver a la gente disfrutar”, dice. Incluso si hay una sola persona en la pista, la conexión sigue siendo válida. Ahí reside, quizás, la esencia más pura de su propuesta.

Foto de Kàl: “No me gusta ponerle etiquetas a la música”

Desafíos, Aprendizajes Y La Construcción Del Carácter

Detrás del crecimiento, también hay tensión. Kàl no romantiza el proceso. Habla de frustración, de momentos en los que sintió que no avanzaba. “Las incontables veces que lloré por frustración…”, admite.

Sin embargo, esos momentos fueron clave para redefinir su perspectiva. “La música es conexión con uno mismo”, reflexiona. Una idea que trasciende lo artístico y se vuelve casi filosófica.

Entre los aprendizajes más significativos, destaca:

  • El valor del tiempo
  • La paciencia
  • La disciplina
  • La importancia del networking
  • La autenticidad como eje diferencial

En un contexto donde todo parece inmediato, su postura es clara: “No hay nada de valor que se construya de la noche a la mañana.”

Su primer disco

Hoy, Kàl se define en una etapa de evolución artística y personal. No se trata solo de perfeccionar su sonido, sino de conocerse a sí mismo y trasladar ese proceso a su música.

Actualmente, trabaja en un proyecto que marca un antes y un después en su carrera:
su primer disco.

Un lanzamiento que, lejos de buscar validación externa, nace desde un lugar íntimo y profundamente significativo: está dedicado a su hijo, que está por nacer. La obra se construye en torno a siete pilares fundamentales, con la intención de transmitir valores a través del sonido.

¿Puede un álbum ser una forma de legado? En este caso, la respuesta no solo es sí, sino que redefine el propósito del proyecto.

La Esencia De Kàl

Si tuviera que resumirse en tres conceptos, Kàl no duda: autenticidad, energía y un cuento musical.

Más allá de los escenarios, los colectivos o los lanzamientos, su objetivo es claro: conectar. Que quien escuche su música pueda, aunque sea por un momento, dejar atrás sus preocupaciones y habitar otro espacio emocional.

“Que sea la primera vez que escucha la mayoría de canciones… y que logre irse a otro lugar completamente distinto”, dice.

En una industria donde lo inmediato muchas veces opaca lo esencial, Kàl apuesta por algo más complejo y, a la vez, más duradero: ser genuino. Porque, como él mismo señala, detrás de la autenticidad, viene lo diferente.

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