Patatús: Una Banda Nacida Para Conversar Entre Culturas Sobre Música Sin Miedo
Desde Panamá, una banda joven redefine el jazz fusión latino con identidad, rigor y emoción. Tras un debut que unió geografías y memorias, Patatús entra en la recta final de su segundo álbum con una claridad artística poco común y una madurez colectiva que se siente en cada nota.
Una Banda Nacida Para Conversar Entre Culturas
Fundada en 2024 en la Ciudad de Panamá, Patatús surge como una propuesta de jazz fusión folklórico que se niega a habitar un solo territorio. Su música dialoga entre ritmos venezolanos, panameños, latinos, jazzísticos e incluso elementos del hip-hop, construyendo una narrativa sonora que va más allá del género para convertirse en experiencia.
Desde el inicio, el grupo entendió que su identidad no estaría definida únicamente por la suma de influencias, sino por la manera en que esas raíces se escuchan convivir. Ese punto de inflexión llegó con su primer álbum de estudio, Ciudad y Pueblo, publicado recientemente en plataformas digitales. “Desde que grabamos Ciudad y Pueblo supimos que eso era lo que queríamos hacer”, coinciden los integrantes. Ahí dejó de ser un experimento y pasó a ser un lenguaje propio.
Ciudad Y Pueblo: Un Puente Sonoro Entre Orígenes Y Presente
Ciudad y Pueblo no es solo un debut discográfico; es un manifiesto emocional. Con cinco composiciones originales y dos arreglos, el álbum retrata la conexión entre las costas y los páramos venezolanos y los atardeceres panameños, construyendo un puente simbólico entre el hogar que se deja atrás y el que se aprende a habitar.
Las imágenes que atraviesan el disco son profundamente personales. Iván “Pardo” Medina señala una raíz íntima: “Mi mamá fue una pieza fundamental de este álbum”. Bryan “Smoki” Gumbs, por su parte, recuerda escenas precisas: la casa de sus abuelos en Los Santos, una caminata por la Cinta Costera bajo cielos naranjas, el caos vivo de la Gran Estación de San Miguelito. Cada tema es una postal sonora que conecta memoria y presente.
La recepción en vivo terminó de consolidar esa narrativa. La Cervecería 3 Gatos, espacio que la banda reconoce como su casa, se convirtió en el escenario donde el público entendió plenamente la experiencia Patatús. “Ahí se vive Patatús al 1000%”, coinciden. No solo conciertos, sino encuentros didácticos y emocionales donde la música se comparte y se explica, se baila y se siente.
Iván “Pardo” Medina: La Visión Que Ordena El Caos Creativo
Saxofonista de los Andes venezolanos, estudiante avanzado de Música en la Universidad de Panamá y primer tenor de la Big Band Metropolitana de Panamá, Iván “Pardo” Medina no solo lidera Patatús: lo imagina. Su participación como solista en el Panamá Jazz Festival 2025 confirma una proyección que va más allá del proyecto grupal, pero que encuentra en la banda su espacio más honesto.
Fue Iván quien reunió al “dream team”. En Carlos “Cuatro” Lucero vio una versatilidad inédita; en Bryan Gumbs, un metrónomo humano capaz de leer y adaptarse a todo; en Marino Gómez, las arterias del grupo; y en Victoria “Kiki” Romero, una candela interpretativa imposible de ignorar. Pero, por encima de todo, detectó algo clave: compromiso. “Pude ver cómo se enamoraron del proyecto junto a mí”, afirma.
Multiinstrumentista y mente inquieta, Iván reconoce que su creatividad puede ser abrumadora, pero también señala que hoy Patatús alcanzó un punto crucial: “Ya sabemos qué cosas sí suenan a Patatús”. Esa claridad se volvió decisiva en el nuevo álbum.
Victoria “Kiki” Romero: La Voz Como Refugio Y Propósito
Cantante y escritora oriunda del Zulia, formada en Panamá y atravesada por la música desde lo familiar, lo espiritual y lo académico, Victoria “Kiki” Romero representa una de las columnas emocionales del grupo. Su voz no responde a una sola escuela: es el resultado de curiosidad constante, disciplina clásica y una obsesión profunda por el jazz.
Patatús marca un antes y un después en su recorrido. Es su primera banda oficial, el espacio donde confluyen su formación académica y su necesidad de exploración. “Aquí puedo reinterpretar la música folclórica venezolana y conectarla con nuestra generación para que no muera”, explica. La banda le permite cantar con propósito colectivo, generando calor hogareño y abrazo familiar en quien escucha.
Además, Kiki escribe. En silencio, guarda cuentos cortos y poemas nacidos durante ensayos y grabaciones. Material inédito, profundamente personal, que espera su momento para transformarse en canción. La pluma y la voz, finalmente, encontrarán un mismo cauce.
Carlos “Cuatro” Lucero: Tradición Que Aprende A Mutar
Radicado en Panamá desde 2015, Carlos “Cuatro” Lucero llegó con una misión tácita: resignificar el cuatro venezolano. El primer reto fue pedagógico —no es un ukelele—, pero la verdadera sorpresa fue la apertura del público al escuchar el instrumento fuera de su contexto tradicional.
Cantautor, arreglista y productor, Carlos decide cuándo el cuatro debe sonar ancestral y cuándo romper moldes según una regla simple: lo que la canción necesita. Esa lógica colectiva quedó clara en arreglos como “Vuélame A La Luna (Fly Me To The Moon)”, reinterpretada en Onda Nueva, donde un intro vocal y un solo de scat de Kiki terminaron de definir la identidad del tema. “La cereza del pastel”, en palabras del propio Lucero.
Marino Gómez: La Calle, La Orquesta Y El Pulso Profundo
Licenciado con honores en Música, exintegrante del Sistema Nacional de Orquestas del Táchira, director, arreglista y profesor, Marino Gómez aporta una mezcla poco común: formación académica rigurosa y muchísima calle. Su contrabajo no solo sostiene; respira y guía.
En Patatús, esas dos escuelas dialogan constantemente. La estructura orquestal convive con el riesgo de la fusión. Cada línea de bajo se convierte en una arteria que mantiene vivo el cuerpo sonoro del grupo, aportando profundidad y carácter sin imponerse.
Bryan “Smoki” Gumbs: El Ritmo Al Servicio De La Música
Baterista y productor panameño, formado en la Academia de Música de Panamá, la Fundación Danilo Pérez y Grooveschool Berklee (2019), Bryan “Smoki” Gumbs aprendió una lección clave: tocar a favor de la música. Su rol no es destacar, sino sostener para que todo florezca.
Las experiencias en el Panamá Jazz Festival, especialmente con la Big Band en 2020, despertaron su interés por la fusión entre jazz y folklore. Desde entonces, su método es claro: escuchar, respetar la base y luego aportar su giro personal. En Patatús, esa filosofía se traduce en ritmos que sostienen sin limitar.
Nuestro Jardín: El Segundo Álbum
A diferencia del debut, donde el concepto se fue construyendo junto a las canciones, el segundo álbum de Patatús nace desde la certeza. Iván asumió la composición total —letras, acordes y arreglos— y la banda se dedicó a sumar colores y personalidad en el estudio.
El resultado fue un proceso notablemente más ágil: en menos de un mes, casi todo estaba grabado. La eficiencia no fue solo técnica, sino el reflejo de una madurez colectiva forjada tras un año de escenarios compartidos.
Este nuevo trabajo será cantado, abordará múltiples géneros y mostrará el abanico completo de posibilidades de la banda. Un disco más íntimo, pero con una meta clara: conectar.
Patatús Hoy: Música Sin Miedo
Si algo define a Patatús es su filosofía frontal: hacer la música que les gusta, como les da la gana. Sin miedo a equivocarse, sin temor a experimentar. Tal vez, como ellos mismos intuyen, esa sea la razón por la que siguen firmes sobre la vía.
Con un primer álbum consolidado, un segundo proyecto en camino y una presencia en vivo cada vez más fuerte, Patatús no solo se posiciona como una de las propuestas más innovadoras del jazz fusión actual, sino como una banda que entiende la música como hogar compartido.
Y la pregunta queda abierta: ¿estamos ante el nacimiento de una nueva tradición sonora latinoamericana?
Todo indica que este viaje recién comienza.


