RANIAH Y ROOF SESSIONS: El Primer Capítulo De Su Visión Como Promotora

Desde Guadalajara hasta Canadá, pasando por la Contaduría Pública y las raves que encendieron su intuición, RANIAH ha construido una identidad que no persigue tendencias: persigue verdad. El 6 de junio estrenará ROOF SESSIONS, su primera fiesta bajo su propia visión, con una propuesta íntima, emocional y profundamente sensorial.

 

Foto de RANIAH Y ROOF SESSIONS: El Primer Capítulo De Su Visión Como Promotora

Guadalajara

RANIAH creció en Guadalajara, una ciudad que respira cultura y nocturnidad, y durante años sintió una atracción especial por la música electrónica sin terminar de explicarla del todo. Iba al Bar Américas y reconocía algo en ese ambiente que la inquietaba y la seducía al mismo tiempo. ¿Cómo se nombra una conexión que todavía no tiene forma? En su caso, la respuesta llegó más tarde, lejos de casa y lejos de la rutina.

Ese punto de quiebre apareció en Canadá, adonde se fue durante un año sabático. Ahí descubrió las raves, los clubs y una comunidad que le reveló algo esencial: la electrónica no era solo un género que disfrutaba, sino un lenguaje con el que se identificaba profundamente. “Ahí entendí por qué me gustaba tanto el Ame desde antes”, explicó, al recordar que aquel universo ya la había estado llamando mucho antes de que ella pudiera nombrarlo. Fue también en ese viaje donde comprendió que quería ser DJ.

Contaduría

Antes de habitar cabinas y pistas, RANIAH había seguido un camino mucho más estructurado. Estudió Contaduría Pública y trabajó en empresas, construyendo una vida ordenada, previsible y aparentemente correcta. Sin embargo, algo faltaba. “Durante mucho tiempo seguí el camino correcto”, reconoció, como si esa frase resumiera la tensión entre la seguridad y la pulsión artística.

La decisión de cambiar no fue abrupta ni románticamente instantánea. Fue, más bien, el resultado de escucharse con honestidad y aceptar que también necesitaba un espacio para expresarse creativamente. En ese tránsito encontró equilibrio entre la persona estructurada que fue formando su disciplina y el lado sensible que pedía salir con fuerza. La música no llegó para reemplazarla, sino para completarla.

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Identidad

Hay artistas que construyen su imagen a partir de lo que la escena espera; RANIAH, en cambio, parece moverse en sentido contrario. Su propuesta se define como espiritual, femenina y minimalista en lo estético, pero inmensa en vibración. No busca encajar en una plantilla: prefiere que cada gesto artístico tenga una raíz real. “La autenticidad viene de no desconectarme de mí misma por querer pertenecer”, dijo, con una claridad que explica buena parte de su fuerza.

Esa identidad se sostiene también en su relación con lo sutil. En una industria que a menudo premia lo exagerado, ella defiende la potencia de lo simple. Sus sets no se presentan como una acumulación de estímulos, sino como una atmósfera construida con intención. ¿Hace falta levantar la voz para dejar huella? En su caso, la respuesta parece ser no: basta con proyectar una verdad propia y dejar que el resto suceda.

Techno, Minimal, Progressive Y Dub-Techno

Su lenguaje sonoro transita entre el techno, el minimal, el progressive y el dub-techno, y desde ahí diseña viajes hipnóticos, energéticos y envolventes. Pero RANIAH no piensa sus sets solo en términos de BPM o de técnica: los imagina como secuencias emocionales. Busca tensión, liberación, introspección y euforia dentro de una misma historia sonora. “Lo que más busco provocar es conexión”, afirmó.

En esa lógica, cada presentación se vuelve una experiencia de presencia. La música funciona como un puente para que el público se desconecte del ruido externo y entre en otro estado de percepción. La artista lo dice con naturalidad: cuando un set conecta de verdad, hay cosas que se entienden sin hablar. La pista, en su visión, es un idioma colectivo.

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“Hubo un momento donde sentí que todos estábamos en la misma frecuencia”

Entre los recuerdos que más la marcaron aparece una fecha especialmente simbólica: su presentación en Bar Américas, el lugar que durante años había sido parte de su imaginario musical. Tocarlo no fue solo cumplir un objetivo; fue entrar en un espacio que había alimentado su deseo desde mucho antes. Esa noche sintió algo que describe como una sintonía colectiva, casi ritual.

“Hubo un momento donde sentí que todos estábamos en la misma frecuencia”, contó. No era solo emoción personal ni nostalgia cumplida: era la sensación de que la música, el lugar y el público habían entrado en un mismo pulso. Ese tipo de instantes explican por qué su discurso insiste tanto en la conexión. No se trata únicamente de tocar; se trata de crear memoria emocional.

“Cuando haces las cosas desde un lugar real, la gente lo percibe”

En una escena que muchas veces empuja a construir personajes, RANIAH defiende la presencia que nace de la comodidad con una misma. Como mujer dentro de la electrónica, dice haber aprendido que la seguridad no viene de adoptar una imagen específica, sino de transmitir desde un lugar real. “Cuando haces las cosas desde un lugar real, la gente lo percibe”, afirmó.

Esa convicción también aparece cuando reflexiona sobre la sensibilidad dentro de la música electrónica. Para ella, hace falta menos máscara y más humanidad. Cree que el público conecta de verdad cuando el artista se permite ser genuino, sin esconderse detrás del personaje. ¿Qué queda cuando se cae la pose? Queda, precisamente, la música que emociona.

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Meditación, Intuición Y Libertad En Cabina

RANIAH también habla desde un lugar íntimo cuando describe lo que sucede al tocar. En la cabina aparece una versión de sí misma más libre, más segura y más conectada emocionalmente. Mientras en la vida cotidiana puede ser reservada, frente al público entra en un estado de flujo donde la intuición toma el control. Esa transformación no responde a un artificio, sino a una entrega total.

Para cuidar esa energía, la meditación ocupa un lugar importante en su vida. Le ayuda a volver al centro y, al mismo tiempo, a ordenar ideas para seguir creando desde un lugar claro. Su relación con la música no es solo profesional; también es un ejercicio de equilibrio interno. Tocar, para ella, es abrirse; volver a sí misma, cerrar el círculo.

ROOF SESSIONS: El Primer Capítulo De Su Visión Como Promotora

Ese impulso creativo encuentra ahora una nueva forma en ROOF SESSIONS, la primera fiesta que lanza bajo el nombre de su marca y que tendrá lugar el 6 de junio en un rooftop. Más que una fecha en el calendario, el evento representa la materialización de una idea que nació desde una emoción genuina. RANIAH lo define como un paso valiente: convertir una visión en experiencia real. “Quiero crear una experiencia diferente, más íntima y auténtica”, explicó.

La propuesta busca alejarse de la lógica de la fiesta convencional y construir una atmósfera de armonía donde música, espacio, energía y personas estén alineados. También pone el foco en los detalles: el sonido, las luces, el ambiente, las bebidas y la forma en que cada elemento suma al relato de la noche. ¿Qué hace memorable una fiesta? Para ella, no solo el line up, sino la intención con la que se diseña todo lo demás.

Si algo define el recorrido de RANIAH es la coherencia entre lo que dice y lo que hace. No persigue números como medida de éxito; persigue sensación, presencia y conexión. Su idea de triunfo dentro de la electrónica no está atada al reconocimiento, sino a la capacidad de hacer que alguien realmente sienta algo. “El éxito… no tiene tanto que ver con reconocimiento o números, sino con lograr que las personas realmente sientan algo”, resumió.

Mirando hacia adelante, su deseo es que el público recuerde algo más que una buena selección musical. Quiere que quienes la escuchen salgan con una sensación de plenitud, paz y conexión consigo mismos. Quiere, en el fondo, que la gente se sienta libre, presente y acompañada. Y quizás ahí radique la verdadera potencia de su propuesta: en recordar que la música electrónica, cuando se vive desde la verdad, no solo hace bailar. También puede sanar, unir y dejar una huella que permanece mucho después de que se encienden las luces.

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