Entre El Ruido Y El Amor: Emilia Borlone Y La Reconstrucción De Una Voz Propia
Emilia, cantautora chilena radicada en México. A sus 29 años, y con un recorrido marcado por la sensibilidad, la honestidad y la búsqueda constante, Emilia se encuentra en un momento crucial de su carrera: un punto de inflexión que no solo redefine su sonido, sino también la forma en que habita su arte.
¿Qué pasa cuando una artista decide dejar de pedir permiso y empieza a hacer música desde la seguridad de quien es? La respuesta podría estar en la transformación silenciosa, pero contundente, que está atravesando Emilia, cantautora chilena radicada en México. A sus 29 años, y con un recorrido marcado por la sensibilidad, la honestidad y la búsqueda constante, Emilia se encuentra en un momento crucial de su carrera: un punto de inflexión que no solo redefine su sonido, sino también la forma en que habita su arte.
«No es un cambio, sino una evolución», dice. Y esa diferencia, aunque sutil, lo dice todo.
De Santiago A México: Un Salto Sin Red
En 2021, Emilia lanzó oficialmente su proyecto como solista. Solo un año más tarde, en un gesto cargado de determinación, cruzó la cordillera y se instaló en México, buscando nuevas oportunidades para hacer música. El mismo año publicó su primer disco: Rota, un debut que llamó la atención por su crudeza emocional y su lirismo íntimo. Con un título tan claro como doloroso, Rota fue una especie de diario de heridas abiertas, una bitácora de reconstrucción emocional.
“Recuerdo ese momento y digo: wow, qué valiente fui”, comenta al recordar su partida. “No me imaginé nunca que iba a tomar esa decisión, sobre todo porque soy muy apegada a mi familia. Pero lo hice. Y ahora le diría a esa Emilia que tenga paciencia y que confíe en el proceso.”
Lo que vino después no fue inmediato, ni sencillo. Fue más bien como sembrar a ciegas. Emilia empezó a tejer redes, construir equipo, y sobre todo, a escuchar lo que su música le pedía.
Amor, Canciones Y Un Equipo Con Alma
Lo que distingue este nuevo capítulo en su carrera no es solo la música que está por llegar, sino cómo la está creando. El proceso se siente más colectivo, más amoroso. En palabras de la propia artista: “Estamos enfocándonos mucho en el proceso de creación musical, poniéndole énfasis en el amor a las canciones. Es el trabajo más grande y enfocado que he hecho hasta ahora.”
No es casualidad que uno de los pilares de esta etapa sea el entorno humano. Emilia trabaja con un equipo diverso y talentoso, pero sobre todo, con personas que –como ella dice– “son muy lindas por dentro”. En ese clima de respeto, confianza y afecto, la música florece sin máscaras.
“Cuando te rodeas de personas así, se genera honestidad. Un arte honesto, transparente.”
Y eso se nota: en las letras, en los arreglos, en las decisiones pequeñas del día a día en el estudio. Es una música que no busca agradar, sino conectar. Que no sigue fórmulas virales, sino impulsos sinceros.
Heridas, Identidad Y La Belleza De Lo Incompleto
Hablar con Emilia es encontrarse con alguien que ha aprendido a mirar sus grietas como parte esencial de su identidad artística. En lugar de esconder las cicatrices, las muestra con una delicadeza que desarma.
“Si Rota fue un espejo roto, ahora creo que estaría reflejando ese mismo espejo pero reconstruido. Se ve un poquito el pegamento por haberlo arreglado, pero eso también le da una belleza especial.”
La artista reconoce que parte de esta evolución tiene que ver con dejar atrás ciertas inseguridades, como la necesidad de validarse en una industria que impone reglas duras, sobre todo a mujeres jóvenes. “Creo que estoy dejando atrás esa sensación de pedir permiso por estar en la escena musical. Ahora lo hacemos a nuestra manera.”
También está el deseo de unificar su identidad musical, de que cada lanzamiento no sea una isla, sino parte de un continente. Emilia no quiere ser solo una cantante con buenas canciones: quiere ser una artista con una voz reconocible, coherente y profunda.
Una Canción Para Sostenerse
En los momentos difíciles, la música también la ha sostenido a ella. Entre las canciones que han sido bálsamo y refugio, destaca una: Canción Para Los Días de la Vida. “Me emociona. Tiene una hermosa poesía de lo cotidiano. Es una canción que crea imágenes y te hace sentir envuelto.”
De su repertorio personal, confiesa que Viniste fue especialmente sanadora: “Me ayudó a soltar una idea en un momento muy delicado.” No es casualidad que muchas de sus canciones tengan ese poder íntimo, casi terapéutico. Escucharlas es como entrar en un espacio donde el dolor no se esconde, pero tampoco manda.
Lo Que Está Por Venir (Sin Decir Qué Es)
Hay algo nuevo gestándose. Emilia no lo nombra, pero lo deja intuir. Dice que no será solo un disco, sino “algo más”. Un proyecto que se siente como el más ambicioso y amoroso de su carrera. Todavía no tiene fecha, pero ya vibra como algo importante.
Cuando se le pregunta qué le gustaría que alguien sintiera al escuchar por primera vez ese nuevo material, responde con una ternura desarmante:
“Me encantaría que lo que viene provoque un sentimiento juguetón de disfrutar la vida. Todos estamos constantemente aprendiendo a ser. A veces le acertamos y a veces nos equivocamos, pero ese proceso hay que disfrutarlo.”
La historia de Emilia no es solo la de una artista emergente que se abre camino. Es también la de una mujer que aprende a confiar en su intuición, a soltar el miedo, a construir desde el amor y no desde la exigencia. Su música no es decorativa, es sustancial. No grita, pero deja huella.
En tiempos de algoritmos y tendencias efímeras, artistas como ella nos recuerdan que hay otra forma de habitar la música: una que respeta los procesos, que valora la poesía, que celebra la imperfección. Emilia no busca ser una estrella fugaz. Quiere ser una voz que permanezca.
Y si algo queda claro al hablar con ella, es que esa voz ya está brillando, aunque todavía no lo haya dicho todo.





