El Saxofón Entre Velos y Valses: Javier Fernando, El Profesional Detrás Del Evento
De la Escuela Militar de Música a ceremonias bajo las estrellas: Javier Fernando construye una carrera que reivindica el oficio del saxofón en bodas y eventos premium, mostrando que detrás del servicio hay estudio, disciplina y una propuesta artística deliberada.
Orígenes Y Formación
La historia de Javier Fernando arranca en un recinto que todavía imprime un sello de oficio: la Escuela Militar de Música Maestro Rafael Álvarez Ovalle. Fue allí, según recuerda, donde en segundo grado de estudio vivió el primer choque emocional con la música: “Estábamos limpiando cerca del salón donde la banda ensayaba y noté cómo la música cambiaba el ánimo de la gente haciendo tareas cotidianas.” Ese momento fue la semilla de una vocación que, más que elección, se convirtió en lenguaje: “podía hablar sin palabras, interpretar mis emociones sin decirlas”, dice. En 2013, todavía cursando su último grado de diversificado, rindió examen para formar parte de la Banda Sinfónica Marcial —una institución con 155 años de historia— y obtuvo resultados positivos en mayo de ese año; la escuela le otorgó un título por eficiencia. Desde entonces afirma vivir profesionalmente de la música; su relación laboral con la banda está pensada como un compromiso de largo plazo (un contrato por 30 años, del cual declara llevar 14).
De La Banda A Las Bodas
La transición —aparentemente natural— entre tocar en agrupaciones de música latina y especializarse en eventos sociales fue tanto estratégica como personal. Javier reconoce que su paso hacia bodas y recepciones no fue sólo una respuesta al mercado: hubo una conversación doméstica que lo redefinió. “Mi esposa —mejor dicho, su mirada en marketing y publicidad— me empujó a valorar mi tiempo: si iba a sacrificar estar con mi familia, debía cobrar por mi tiempo y no solo por la canción”, relata. Ese giro lo llevó a replantear repertorio, estética y oferta: pasó de buscar aceptación social a ofrecer experiencias basadas en valores y ética profesional.
La Técnica Como Distinción
En el centro de su propuesta aparece una premisa clara: la diferencia entre tocar por moda y tocar por oficio es trabajo riguroso. Su rutina de estudio se estructura en tres ejes: interpretación afinada, digitación precisa y control del sonido mediante flexibilidad y diafragma. “No se trata de practicar las canciones del evento; se entrena la interpretación, la ejecución de cada nota bien y la habilidad en ambas manos”, explica; compara su disciplina con la de un deportista que prepara cuerpo y mente para rendir. Ese entrenamiento se traduce en un sonido pensado para espacios —iglesias, jardines, salones— y en la capacidad de sostener la emoción incluso a capella.
Preparación Según Contexto
La sensibilidad para leer espacios distingue su trabajo en ceremonias religiosas de su aproximación a cócteles o recepciones. En una ceremonia prioriza atmósferas melancólicas, solemnes y suaves: volumen contenido, fraseo expresivo y presencia que acompaña a los protagonistas. En un cóctel al aire libre busca un groove que favorezca la conversación sin competir con ella: repertorio de pop, deep house, sax house o smooth jazz con intención más alta pero control de volumen para no interferir en la socialización. Su esquema de preparación incluye decisiones concretas sobre repertorio, dinámica, volumen y postura, adaptadas a la edad de los novios y al carácter de la celebración.
Profesionalismo Y Presencia
La imagen pública de Javier refuerza su propuesta: trajes formales y semiformales, sacos en tonos claros u oscuros según el contexto, camisas bien presentadas y, cuando corresponde, corbata o moño. Pero detrás del atuendo hay una estrategia de posicionamiento: pretende ser exclusivo, moderno y profesional. Para sustentar esos adjetivos ofrece un decálogo simple que repite como máxima:
Puntualidad
Honestidad
Compromiso
Disponibilidad
Responsabilidad
Estas cualidades, sostiene, son las que separan al músico que “aparece porque es rentable” del que se percibe como oficio y arte. Constancia, profesionalismo visual y respeto por el contexto son, en su narración, los antídotos frente al fenómeno del “sax rentable”.
Un Evento Salvado Por La Música
Si hay una anécdota que ilustra su convicción, es la de la boda en la que se cortó la luz en pleno banquete. Cuando las pistas dejaron de sonar y el silencio empezó a pesar, Javier tomó el saxofón y convirtió un bloqueo técnico en una escena íntima: tocó a capella bajo el cielo, con las estrellas y la luna como testigos. “En lugar de quedarme callado, empecé a tocar música romántica… lo que había sido tensión volvió a ser mágico”, recuerda. Es una historia que no solo exhibe técnica, sino también criterio escénico y temple frente a imprevistos.
Proyección Y Consejos
A futuro, Javier imagina dos líneas claras: la formación de su propia banda y la creación de una agencia de músicos solistas, donde la marca y la confiabilidad sean activos negociables. Su experiencia en la banda militar le da estabilidad y prestigio; su trabajo en eventos brinda visibilidad y aprendizaje comercial. A los saxofonistas jóvenes que ven en los eventos una salida económica les deja tres consejos prácticos:
Buscar asesoría profesional con músicos consolidados.
Estar dispuestos a recibir críticas que aporten al desarrollo.
Entender que la profesión se basa en servir y comprometerse.
Además, subraya la importancia de aprender marketing y gestión del tiempo: “si vas a sacrificar tiempo familiar, que ese tiempo tenga valor”.
Conclusión: Más Que Música De Fondo
¿En qué momento un saxofón deja de ser adorno y se convierte en voz narrativa de una ceremonia? En el caso de Javier Fernando, la respuesta está en la suma de formación, disciplina y elección ética. Su historia —desde la Escuela Militar hasta las bodas bajo las estrellas, pasando por 14 años en la Banda Sinfónica Marcial— plantea una lectura evidente: el oficio sostiene la emoción. No se trata solo de llenar un hueco sonoro en una fiesta; se trata de transformar instantes en memoria por medio de decisiones conscientes: repertorio, presencia, técnica y actitud. “Mi trabajo va más allá de ejecutar melodías; me involucro emocionalmente para crear la atmósfera adecuada”, concluye. Para quienes busquen una música que acompañe pero no compita, que eleve sin ostentar, la propuesta de Javier ofrece una promesa cumplida: profesionalismo, estudio y un saxofón que habla sin palabras.
Datos Clave:
Formación: Escuela Militar de Música Maestro Rafael Álvarez Ovalle.
Integrante de la Banda Sinfónica Marcial desde mayo de 2013 (institución con 155 años de historia).
Contrato institucional: 30 años (declara llevar 14).
Proyección: banda propia y agencia de músicos solistas.


