DJ Castillo: “Cuando Conocí El Funky House, Sentí Que Conectaba Con…“

Desde Guatemala, un DJ decidido a devolverle alma al house reivindica el funk como lenguaje emocional y apuesta por sets progresivos donde la conexión pesa más que la tendencia.

Foto de DJ Castillo: “Cuando Conocí El Funky House, Sentí Que Conectaba Con…“

Traer De Vuelta El Funk

En un momento en que muchas pistas parecen diseñadas bajo la misma fórmula —drops predecibles, estructuras limpias, sonidos que se repiten— DJ Castillo decidió tomar otra ruta. Su consigna es clara: “Bringing the funk back to the dancefloor”. No como eslogan vacío, sino como declaración estética.

Siento que muchas pistas se están convirtiendo en algo muy similar, demasiado estructuradas y comerciales, pero sin una verdadera sensación humana”, afirma. En esa frase se resume el motor de su proyecto artístico. Para Castillo, el funky house no es solo un subgénero: es una forma de recuperar la sensación corporal, esa vibración que hace que la música no solo se escuche, sino que se sienta en el pecho y obligue al cuerpo a moverse casi sin permiso.

Su encuentro con el funky house fue un punto de inflexión. Antes, su interés estaba orientado hacia sonidos más duros como el hardstyle. Sin embargo, algo cambió. “Cuando conocí el funky house, sentí que conectaba con mi energía. No era solo poner música para que reviente, sino crear un groove progresivo”. Esa evolución no fue abrupta, sino orgánica: una transición hacia un sonido que le permitiera expresar identidad y no solo potencia.

Groove, Energía Y Flow

Castillo entiende cada presentación como una narrativa. No dispara el track más intenso al inicio; construye. “Veo el set como una historia o una línea progresiva”, explica. Primero establece una base sólida, luego genera tensión, sube la energía y, si es necesario, la baja estratégicamente para que el público respire.

Esa dinámica responde a una convicción: el DJ no está ahí para exhibirse, sino para guiar un viaje emocional. La palabra clave es conexión. “Antes que nostalgia o euforia, quiero que sientan conexión. Si eso pasa, lo demás se da solo”.

En sus sets predominan:

  • Funky house

  • Groove/disco house

  • Nu disco

  • House con esencia clásica y lectura contemporánea

La obsesión está en el detalle: líneas de bajo con personalidad, hi-hats que construyen tensión antes del drop, elementos disco que no solo suenan, sino que vibran. “Me fijo mucho más en cómo se construye la tensión. Analizo la estructura, pero sin perder el gusto. Si no te emociona, no funciona”.

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Aprendizaje

Actualmente cursa estudios en BPM Music School, donde ha fortalecido su enfoque técnico. La formación académica le cambió la forma de escuchar música. “Antes la escuchaba como fan; ahora la analizo. Pero intento no perder la emoción”.

Sin embargo, hay lecciones que no se enseñan en ningún aula. Leer la pista de baile, por ejemplo. “Tenés que dejar el ego. Podés ensayar un track durante semanas, pero si la gente pide otra cosa, tenés que adaptarte”. Esa flexibilidad se volvió central en su crecimiento, especialmente en warm ups, eventos privados y presentaciones en bares locales, espacios donde el DJ debe interpretar la atmósfera antes de imponerla.

¿La enseñanza más importante? Desaprender la obsesión por impresionar. “Al principio querés que todo sea perfecto, que cada mezcla sea impecable. Pero lo que importa es la selección musical y la conexión real con el público”.

Guatemala Como Escenario

Castillo desarrolla su propuesta en Guatemala City, un entorno donde la escena electrónica crece, pero donde el funky house aún ocupa un espacio reducido. El público, describe, puede parecer reservado al inicio. “Empiezan tranquilos, pero poco a poco se sueltan. Eso me obliga a arrancar con energía baja y subir progresivamente”.

Más allá de su carrera individual, su ambición es expandir el género dentro de la escena local. “Quiero que el funky house tenga más espacio en Guatemala. Si puedo aportar a ese crecimiento, ya es algo más grande que mi nombre”.

La visión es estratégica: consolidar una identidad reconocible basada en el groove y, eventualmente, incorporar matices locales que personalicen aún más su sonido.

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Contra La Presión Comercial

En una industria donde las tendencias cambian con rapidez, la presión por sonar “actual” es constante. Castillo lo reconoce: “Sí he sentido presión por tocar estilos comerciales que estén de moda. Pero no siento conexión real cuando los toco”.

Esa honestidad artística implica sacrificios. Horas dedicadas a buscar música específica, analizar sets, estudiar estructuras. Tiempo que podría destinar a otras actividades, pero que considera inversión, no pérdida. Ser fiel al groove es una decisión consciente, casi una postura ética frente al mercado.

Producción Propia Y Proyección Global

Si hoy su foco está en perfeccionar su identidad como selector, el horizonte apunta hacia la producción. “Cuando produzca mi propia música, quiero que sea escuchada alrededor del mundo en festivales y eventos grandes”, confiesa. No se trata únicamente de visibilidad, sino de impacto: que su música acompañe momentos cotidianos, que genere conexión real.

Dentro de diez años, imagina que lo recuerden como alguien que abrió una puerta. “Que digan que siempre fui fiel a mi sonido y que ayudé a que este estilo fuera más escuchado en la escena local”.

¿Puede el groove convertirse en un movimiento? ¿Puede un DJ transformar una escena desde la constancia y la coherencia estética? Castillo parece convencido de que sí. Su propuesta no es estridente ni oportunista: es progresiva, paciente y profundamente rítmica.

En tiempos de homogeneización sonora, su apuesta es clara: devolverle humanidad a la pista de baile. Y en esa misión, cada bajo con personalidad y cada transición intencionada son, más que técnica, una declaración de principios.

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