Daniela Nicolalde: La Sorprendente Carrera De Una Flautista Construida Desde La Disciplina Y La Pedagogía

Desde Quito hasta escenarios internacionales, la flautista ecuatoriana ha construido una carrera donde la disciplina, la pedagogía y la búsqueda sonora convierten cada nota en una declaración artística.

Foto de Daniela Nicolalde: La Sorprendente Carrera De Una Flautista Construida Desde La Disciplina Y La Pedagogía

El Momento En Que Todo Comenzó

Hay decisiones que parecen accidentales y, sin embargo, terminan definiendo una vida. Para Daniela Nicolalde Rengifo (Quito, 1989), el encuentro con la flauta ocurrió en un colegio de música donde, a los quince años, debía escoger un instrumento de viento para integrar la banda. Cuando llegó su turno, solo quedaba un cupo disponible: flauta. “No dudé en escogerla”, recuerda.

Pero el inicio no fue sencillo. Durante semanas el instrumento simplemente no sonaba. “Hubo una semana en la que decidí que, si la flauta no sonaba, cambiaría de instrumento. Curiosamente, fue justamente esa semana cuando sonó”. Esa experiencia se convirtió en una metáfora fundacional: la constancia construye habilidades invisibles hasta que, de pronto, ocurre la magia.

¿Puede un sonido tardío definir una vocación? En el caso de Daniela, sí.

Raíces Sonoras Entre Otavalo Y Quito

Aunque nació en Quito, creció en Otavalo, en un hogar donde la música era cotidiana. Sus padres cantaban y su padre tocaba instrumentos andinos de viento y cuerda. En ese ambiente convivían desde obras de Piotr Ilyich Tchaikovsky hasta el álbum Lugares Comunes de Inti-Illimani.

“Aprendí a tocar de oído”, explica. Esa formación temprana, lejos de la rigidez académica, le otorgó una versatilidad que hoy reconoce como una de sus mayores fortalezas: sentirse cómoda tanto en la música académica como en repertorios populares. Esa escucha intuitiva, aunque con sus pros y sus contras, sigue viva en cada interpretación.

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Formación Académica Y Rupturas Estéticas

Graduada en 2012 del Conservatorio Franz Liszt de Quito, Daniela vivió allí una transformación intelectual decisiva. Dos maestros marcaron su camino: Daniel Mancero y Felipe Cisternas. El primero la acercó a metodologías que cruzaban culturas y épocas; el segundo la invitó a pensar la música desde la estética, la pintura y la filosofía.

Fue en ese periodo cuando las sonatas de Bach para flauta la conectaron profundamente con el barroco. Repetir, escuchar, estudiar y volver a escuchar: esa disciplina formó su conciencia interpretativa.

Posteriormente, una Beca de Excelencia en la Universidad San Francisco de Quito la llevó a explorar la Música Contemporánea. Allí comprendió que el sonido no siempre debía ser “bello” en el sentido tradicional. “Entendí que podía ser áspero o incómodo. Lo importante era el lenguaje propio”. El desafío fue conceptual: abandonar la obsesión por la perfección y abrazar la creatividad.

La Mirada Académica Desde España

En 2026 obtuvo su Grado en Música por la Universidad Internacional de La Rioja (España). Allí, más que perfeccionar técnica, amplió su marco intelectual. “Aprendes lo infinita que puede ser la música”, afirma.

Una idea cambió su enfoque: el contexto transforma la percepción sonora. No se trata solo de tocar una obra, sino de comprender la época, la intención y las circunstancias que la rodean. Escuchar deja de ser un acto pasivo para convertirse en un ejercicio de entendimiento profundo.

La frase que más recuerda es simple pero contundente: “hincar los codos”. Detrás de cada logro hay horas silenciosas de estudio.

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Triunfos Internacionales Y Lecciones De Perseverancia

El Toronto Kiwanis Festival, en Canadá, marcó un punto alto en su trayectoria competitiva: obtuvo dos primeros lugares y un segundo lugar. La preparación fue meticulosa, diseñada junto a la flautista mexicana Alhelí Pimienta, quien planificaba cada detalle técnico y expresivo.

La competencia se realizó de manera virtual, enviando grabaciones. Daniela atravesaba entonces una etapa personal compleja y pensó en renunciar. “Alhelí no me dejó. Me sorprendí con el resultado porque no lo esperaba”.

La lección fue clara: nuestro autojuicio suele amplificar los errores y minimizar los aciertos.

El Piccolo Como Instrumento De Identidad

Bajo la mentoría del reconocido piccolista italiano Nicola Mazzanti, redefinió su identidad artística. La experiencia en Flute Sprint (Canadá) y el programa “Yo Quiero Equal Opportunity” la llevaron a comprender que el piccolo no es una simple extensión de la flauta, sino un universo propio.

“El piccolo amplifica todo”, explica. Requiere precisión extrema, control del aire y claridad inmediata. Recuerda una anécdota reveladora: aceptó tocar piccolo en un concierto sin haberlo tocado antes. En el primer ensayo general, el instrumento no sonó. “En el concierto recé para que no pasara lo mismo… y todo salió bien”.

También combate un prejuicio frecuente: que el piccolo es estridente y poco expresivo. “La mejor manera de desmontar ese mito es la escucha consciente”. El color depende de técnica, postura, embocadura y materiales. Cuando se trabaja con profundidad, el piccolo puede ser sorprendentemente lírico.

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Escenario Y Audiencia: Una Relación Inmutable

Daniela ha integrado la Orquesta Nacional de Flautas del Ecuador, la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador, la Orquesta Ciudad de Quito y la Orquesta Vinotinto. Ha participado en el Festival Internacional de Música Suzuki en Perú desde 2015, formándose como maestra Suzuki, y desde 2021 integra el comité organizador del Festival Internacional de Flautistas en el Centro del Mundo.

¿Cambia algo al tocar en foros internacionales frente a auditorios locales? Para ella, no. “No es el tamaño del escenario lo que marca la diferencia, sino la calidad de la obra y la posibilidad de compartirla con personas dispuestas a escuchar”. La responsabilidad artística es la misma.

Pedagogía, Respeto Y Transformación Humana

En el ámbito educativo ha trabajado en la Fundación Sinfonía por la Vida (Esmeraldas), la Orquesta de Colores de Guangopolo, el Programa INEPE y el Aula Suzuki UIO. Es maestra certificada por la Asociación Suzuki de las Américas.

Recuerda con emoción a su primer estudiante, quien inicialmente rechazaba tener una nueva maestra. Con el tiempo, la confianza transformó la relación. “Cuando terminó de tocar el libro Suzuki 1 de memoria, me miró y dijo: ‘Lo logramos’”. Hoy estudia flauta en la universidad y ha recibido reconocimientos.

Para Daniela, el valor irreemplazable del método Suzuki es el respeto. Cada proceso es único. La música deja de ser una asignatura para convertirse en herramienta de crecimiento personal.

Una Carrera Construida Sobre Disciplina Y Escucha

La historia de Daniela Nicolalde no está marcada por golpes de efecto mediáticos, sino por una construcción constante: formación académica sólida, especialización internacional, compromiso pedagógico y una profunda reflexión sobre el sonido.

Su trayectoria puede resumirse en algunos hitos clave:

  • 2012: Graduación del Conservatorio Franz Liszt de Quito.

  • Desde 2015: Participación en el Festival Internacional de Música Suzuki (Perú).

  • Toronto Kiwanis Festival: Dos primeros lugares y un segundo lugar.

  • Especialización en Piccolo bajo la mentoría de Nicola Mazzanti.

  • 2026: Grado en Música por la Universidad Internacional de La Rioja.

Pero más allá de las fechas, su relato gira en torno a una convicción: la música es un acto de disciplina, conciencia y humanidad.

¿Dónde radica entonces su singularidad? Quizás en esa primera semana en la que la flauta no sonaba y decidió no rendirse. Desde entonces, cada nota parece recordarle que el arte —como la vida— se construye insistiendo cuando aún no hay sonido.

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