Patricio Villarejo: El Músico Anfibio Que Une Mundos
Del tango de Pugliese al rock sinfónico con Kashmir, de Charly García a Abel Pintos, Patricio Villarejo se consolida como un traductor de emociones capaz de borrar fronteras entre géneros.
El Inicio De Una Vocación Inquebrantable
Nacido en Buenos Aires, Patricio Villarejo encontró en la música un lenguaje más auténtico que las palabras. Desde muy pequeño, una epifanía marcó su destino: escuchar a una flautista tocando a Bach lo atravesó al punto de pensar “Guau, ¿qué es eso?”. Desde entonces, la música se volvió brújula y refugio. Entre lecturas, dibujos y pinturas, el violonchelo apareció como esa voz que no se cansa de hablar por él. “Siempre dije que el chelo era mi voz”, recuerda.
Ese descubrimiento, impulsado por el apoyo de su madre, le abrió un camino que lo llevó primero a la Orquesta de Osvaldo Pugliese, un verdadero bautismo de fuego que marcaría su vida.
Aprendizajes De Una Escuela Humana
Su paso por la mítica orquesta de Pugliese fue mucho más que un ejercicio musical. “Me marcó para toda la vida”, confiesa Villarejo. El maestro le enseñó tres principios que aún hoy guían su carrera:
Nunca creerse una estrella: la música es trabajo y compromiso.
El jefe es el público: siempre hay que ofrecer lo mejor.
Tender la mano a los jóvenes: compartir la experiencia es un deber.
Más allá del tango, lo que Villarejo absorbió fue una ética artística que sostiene hasta hoy, tanto en el escenario sinfónico como en un estudio de grabación.
El Arte De Arreglar Lo Invisible
Entre las múltiples facetas que lo definen, Villarejo destaca como arreglador musical, un rol muchas veces subestimado. “El arreglador acomoda todo en una composición para lograr el mejor efecto estético y emocional posible”, explica. Lo compara con el ikebana japonés: cada parte se coloca con precisión para que el conjunto cobre vida como un organismo.
Ese oficio silencioso lo convirtió en un aliado indispensable de grandes artistas, capaz de traducir ideas abstractas en estructuras sonoras sólidas.
Un Traductor De Mundos Musicales
Villarejo se define como un “músico anfibio”, alguien que habita con naturalidad tanto la música académica como la popular. “Me encanta entrar en un grupo de música popular y brindarles un campo nuevo de sonidos con cuerdas o vientos. También fusionar estilos, mezclar, hacer cosas locas que luego resultan lógicas”, señala.
Para él, no se trata de abandonar una identidad, sino de proyectarla. “El músico toca como es. Se nota quién es, qué cree, qué siente. Yo siempre busco que en cada género suene mi lenguaje personal”.
Convergencia: Un Laboratorio Sonoro
En 1991 nació Convergencia, un espacio donde Villarejo pudo experimentar libremente. La fusión de música de cámara, folklore y rock dio como resultado un sonido potente y colectivo. Años más tarde, el proyecto evolucionaría en CVG 2.0, manteniendo la esencia de aquel laboratorio que todavía muchos recuerdan por su fuerza en vivo.
Allí apareció por primera vez con claridad ese deseo de construir puentes: no solo entre estilos, sino entre músicos que compartían escenario como un bloque, más allá de los egos.
Tocando Con Los Pósters Del Cuarto
Una de las características más singulares de Villarejo es haber trabajado con los artistas que admiraba de niño. “Me moví por todos los pósters de mi cuarto”, dice entre risas. La lista impresiona: Charly García, Fito Páez, Andrés Calamaro, Mercedes Sosa, Peter Gabriel, Patti Smith y Astor Piazzolla, entre otros.
Cada colaboración dejó huellas distintas, pero todas lo conectaron con el pulso real de la música popular argentina e internacional. Hoy, esa experiencia sigue vigente en su trabajo junto a Abel Pintos, con quien desarrolla un show acústico de gran intimidad y frescura.
Kashmir: El Rock Sinfónico Hecho Orquesta
Con Kashmir, la orquesta de rock sinfónico que fundó junto a Carlos Cosattini, Villarejo dio un paso más en su búsqueda de fusiones. El nombre, sugerido en broma por Charly García, remitía a Led Zeppelin y a los mellotrones de los años setenta. Sin embargo, el proyecto fue mucho más que una anécdota: permitió llevar el rock a dimensiones orquestales, pisar escenarios emblemáticos y ofrecer una experiencia distinta al público.
La Voz Personal De Los Discos Solistas
Su carrera solista comenzó en 2013 con Desde Algún Lugar, alentado por Litto Nebbia. Luego llegarían Identidad (2018), producido por Alejandro Pont Lezica, y Playlist (2023), un recorrido de canciones compartidas con invitados como Elena Roger, Peteco Carabajal y Lula Bertoldi.
En cada disco, Villarejo narra distintas etapas de su vida y de su búsqueda estética. Ahora prepara un cuarto álbum, con invitados especiales, que promete profundizar aún más en su concepto de fusión.
Introspección Y Escenario
Aunque su vida transcurre entre grandes escenarios, Villarejo cultiva una profunda introspección creativa. “Trabajo solo, necesito elaborar todo antes en mi cabeza. Es un proceso intransferible”, admite. Sin embargo, esa calma se transforma en vitalidad en el vivo, donde deja espacio para la improvisación y la sorpresa.
“El show siempre es imprevisible. La música es cambio constante: cuando la escuchaste, ya pasó”, reflexiona, reafirmando una filosofía que combina disciplina con frescura
Un Futuro En Constante Movimiento
Con más de tres décadas de trayectoria, Patricio Villarejo sigue ampliando horizontes. Su versatilidad lo mantiene vigente y lo convierte en una referencia para nuevas generaciones que buscan derribar fronteras entre lo clásico y lo popular.
En tiempos donde la música tiende a compartimentos estancos, él apuesta por la diversidad. ¿No es acaso esa la esencia de todo arte vivo? En palabras de Villarejo: “Me gusta ser el chico que dice a qué vamos a jugar”. Y ese juego, lejos de agotarse, parece estar apenas comenzando.


